martes, 31 de enero de 2012

Encantado de conocerte.

Vaya... ¿así que eso te dijo? Qué fuerte. ¿Y luego que pasó? Vaya... una pena, sí. Pero bueno, ya sabíamos lo que había. Joder... ¿y eso? Ya pero, coño... no sé. Sí, claro, ya sabes. No, no, desde luego. A ver, si lo miras desde esa perspectiva... No, claro, por supuesto. ¿Ah sí? ¿Y eso por qué? La verdad es que no tenía ni idea. Qué cosas... Lo que es la vida. Ya, bueno... eso es como todo. Sí, ya sabes las vueltas que da la vida. Hombre, algo sí que sabías. No me lo creo, ¿en serio me estás diciendo eso? No sé, yo creo que no. Creo que si las cosas son así, así tienen que ser. No, ya, desde luego. Aham. Bien. Me parece bien. Sí, yo también pienso lo mismo. Si, a ver... no sé... depende de como lo veas. Es cuestión de gustos. Hombre, depende. Si fuese así, me sorprendería mucho. Vaya decepción. ¡No jodas! De lo que se entera uno... Sí, lo cierto es que me lo venía venir. Pero nunca me habría imaginado eso.

¿Pero sabes lo que he querido decir con todo eso?

Hola, encantado de conocerte.

Y me importas una mierda.

lunes, 30 de enero de 2012

Para Shea.

Las personas no son lo mío. Analizo todo demasiado, paso horas y horas analizando inconscientemente esa gota de café que le ha caído a la chica del fondo sobre el pantalón, ese cacahuete que se ha roto cuando el camarero se ha acercado a la tercera mesa mientras llevaba sobre su bandeja 3 cervezas rubias, un gin-tonic sin limón y una tapa de frutos secos variados. Analizo tanto que las personas dejan de ser personas, para ser seres humanos, y después seres, y después carne. Y pelo. Y vasos sanguíneos. Y órganos. Y bacterias. Y mugre. Analizo tanto que las personas acaban dándome asco.

La memoria tampoco es lo mío. Se me olvidan muchos detalles de las conversaciones. Mi cabeza está continuamente generando y recopilando nuevos datos como una enorme y potente CPU dentral de una gran multinacional. Así que me cuesta recordar lo anteriormente recopilado, tengo el disco duro saturado día a día. Por eso mucha gente se enfada conmigo cuando no recuerdo algo que me han dicho. No es que no prestase atención, es simplemente que no puedo almacenar todo lo que escucho, solo lo que me interesa. Si no, acabaría loco.

La sutileza no es lo mío, de ninguna manera. Sé que lo correcto es decir que una persona está fuerte, es de complexión ancha y está "de buen ver". Y sin embargo no puedo frenar las irremediables ganas de ser realista, objetivo y crítico, y decir que esa morsa bigotuda que pesa más que una réplica del Titanic utilizada para transportar plomo ni siquiera podría utilizar el cinturón de Saturno para evitar que sus pantalones caigan, lo cual teniendo en cuenta su gordura es físicamente imposible.

Los sentimientos, desde luego, no son lo mío. He pasado años intentando controlar los míos, reprimirlos. Cuidar de mí mismo evitándolos. Los oculto en lo más profundo para no ser débil. No muestro los míos, me cuesta comprender los de la gente. No sé manejarlos como debería. O como creo que debería. Definitivamente, sé que los sentimientos no son lo mío.

Y la confianza tampoco es lo mío. Debo darles las gracias a las arañas, tan oscuras, tan retorcidas y manipuladoras. Debo darles las gracias a los suricatos, tan traidores y mezquinos, tan cobardes. Debo darles las gracias a los elefantes, tan escandalosos y dramáticos, pero tan estúpidos y limitados. Y debo darles las gracias los hámster. Porque sí, amigo. No eres más uqe un hámster que corre frenéticamente en una rueda que no lleva a ninguna parte, creyendo que algún día alcanzará la meta.

Nada de eso es lo mío.
¿Sabes lo que es lo mío? Las máscaras. La paz exterior. La guerra interior. La supervivencia. La soledad.

Eso es lo mío.

Y parece que así será.