jueves, 24 de mayo de 2012

Cerrad la boca.


La gente nace, vive y muere.

Y mientras tanto, vosotros creéis que Occidente es el centro del mundo.
Decís que todo va mal solo porque os bajan un sueldo que parte del mundo no tiene.
Os quejáis del precio de una comida que mucha gente desconoce.
Repartís panfletos carentes de vida.
Lleváis banderas de partidos que no significan nada.
Defendéis la igualdad en asambleas privadas.
Acampáis en plena calle y os mantenéis ahí, hasta que ellos digan lo contrario.
Celebráis fiestas acerca de revoluciones que no llegaron a nada.
Os quejáis de su juego, pero no salís nunca de él.
Coméis de su mano pero negáis haberlo hecho.
Decís ir en contra del viento, pero le seguís la corriente al río.
Llamáis a la tolerancia, pero no comprendéis un pensamiento opuesto al vuestro.
Nombráis radicales a los que necesitan actuar de verdad.
Os disfrazáis de lobos siendo dóciles corderos.
Bailáis al son del poder, pero lo hacéis de forma diferente al resto y eso os hace sentir mejor que ellos.
Promovéis la fe pero desconfiáis del religioso.
Os preocupáis de los vuestros pero os reís del comunista.
Mantenéis vuestra cartera llena pero criticáis al capitalista.
Vivís anclados a un pasado que no habéis sufrido.
Pensáis en un nuevo futuro, sin cambiar el presente.
Creéis cambiar el mundo, cuando no sabríais ni mover los muebles de vuestra casa.

Cuando haya razones para actuar, actuaremos.
Pero mientras tanto, cerrad la boca.
Hay quien intenta dormir entre tanto ruido.

martes, 22 de mayo de 2012

Pedazos.


Vengo de dar a los lobos
los pedazos de mi ser,
que colgados de mi ventana
lloraban ayer,
quitándome el sueño.

Y yo ya no quiero volver
a retorcerme las entrañas,
en busca de un por qué,
para el vacío que está
convirtiéndose en mi dueño.

jueves, 17 de mayo de 2012

Dudas.

Una vez más aquí. Como tantas otras veces, sin saber que escribir. Vuelve a ser uno de esos días de horas perdidas en los que el sol entra por la ventana, tímido y sin saber si entrar o no. Mirándome de reojo, sin saber cómo voy a reaccionar. Y es uno de esos días en los que lo miro de reojo, y le sonrío de medio lado, esbozando un "Pasa, anda, pasa".

El mundo se me hace pequeño. Los acordes de blues deprimido, las notas altas que resbalan por mi vello de punta como lenguas de perro y las noches mal dormidas se agolpan todas contra la ventana, intentando ver el exterior. Pero yo sigo sentado a la mesa, con el mantel puesto. Esperando a que llegue algo que ya ni siquiera sé lo que es. Les digo: "Tranquilos, esperad. Vamos a pensar un poco y luego ya veremos lo que hacemos". Pero no les importa, son como críos. Cuando quieren algo, lo quieren ya. Quieren salir.

"Solo podemos resucitar después del desastre". Pienso grabarme a fuego en la piel esa frase. No me sirven de nada las madrugadas despierto, no tienen ningún valor las horas perdidas buscando su reflejo. Los días sentado frente a la puerta, como un perro esperando a su amo. Las noches sentado junto a la ventana, como un pájaro esperando ser liberado. ¿Qué sentido tiene esta jaula? ¿Qué sentido tiene saber que no estoy muerto? ¿Qué sentido tiene sentir y ser humano, si ni siquiera lo comprendo?

Sentir que no estamos muertos. ¿Querrá? ¿Qué pensará? ¿Qué sentirá? Qué más da...

Si al final todo se marcha. Todo se rompe. Todo se ensucia.

Pero...¿y si...?

No. No tiene sentido. Simplemente me levanto y voy al baño, me echo agua en la cara, sujeto en lavabo con las manos y me inclino para respirar. Me he convertido en un monstruo, porque quien hace de sí mismo una bestia se libera del dolor de ser un hombre. Y sin embargo, siento...

Entonces es cuando levanto la cabeza hacia el espejo del baño, y mi reflejo me contesta a esa pregunta que tanto miedo me da hacer, a esa pregunta que aunque no sea pronunciada sigue colgando en el aire desde el marzo del caos, con la única respuesta posible en un mundo de dolor y cansancio.

"Deslízate".

miércoles, 16 de mayo de 2012

Droga.

Otro trago. Me pregunto cuántos tragos hacen falta para convertirse en un adicto. Y mientras me lo pregunto, doy otro trago.

A veces me da por pensar cuán satisfactorio sería ser un alcohólico. O un drogadicto. Adicto, de cualquier tipo. Tu vida pasa de la misma forma que la letra pequeña de un anuncio de teletienda. Rápida, fugaz, en la parte de abajo de la pantalla. Sin problemas, sin decisiones, sin motivos, sin dudas. Veloz, alienado. No existir. Sonreír de forma vacía y seguir caminando. Sabes lo que te espera al final, sabes cual será la causa de tu muerte, de una forma u otra. Esa clase de tipos escogen el final para su película, ni siquiera se sientan a ver los créditos. Nadie les preguntó si querían nacer, o dónde y cuándo. Así que escogen cómo morir. Y lo hacen bien, no creas.

Doy otro trago. Me pregunto cuántos hacen falta para convertirse en un jodido adicto.

Porque mientras tú estás ahí, leyendo esto, yo veo como los minutos pasan lentos. A veces tengo la puta tentación de ponerme a analizar todos y cada uno de los rincones de mi apartamento, buscando restos de la presencia de esa persona que me pisó la cara hasta enviarme al fondo. Olisquear cada centímetro cuadrado del piso como un sabueso, sin dejar ni una sola baldosa sin rastrear. Revolver los cajones, las estanterías, mi maleta. Palpar mi cama, las sábanas. Buscar el olor de su pelo en mi almohada, para ver si decidió quedarse y hacerme compañía durante este mes. Inspirar profundamente en mi armario, para comprobar si queda alguna partícula solitaria de su esencia, impregnando mi ropa. Pero no lo hago. En lugar de eso, le doy otro trago al vaso, como si ahí fuese a encontrar su esencia. Y me lo vuelvo a preguntar. ¿Cuántos putos tragos hacen falta para convertirse en un jodido adicto?

Conseguir esa sensación de fugacidad, de que todo pasa tan rápido que no te das cuenta, ver como tu vida avanza como una vagoneta en una montaña rusa. Sé lo que mis amigos dirían: "Joder, tienes que dejarlo ya", dirían. "Mira cómo estás, déjalo ya", dirían. "¿No ves que esto te hace daño?¿Sabes cual sería mi respuesta? Exacto. Un guiño, una sonrisa. Y otro trago.

Otro trago. Que la vida pase rápido, sin mucho sentido. Que todo pase como un fotograma viejo, a toda velocidad y difuminado. Que me subtitulen la vida para no tener que escuchar gilipolleces. Doy otro trago.

Y poco a poco, noto como voy consiguiéndolo. Enganchado a esta mierda de droga, tan enganchado que se me olvida mi propio nombre. He conseguido esa sonrisa vacía, el final de mi película, su esencia en cada trago, el sentimiento de fugacidad, el fotograma, los subtítulos. Noto como lo voy consiguiendo.

Han hecho falta muchos tragos para ser adicto, la verdad. Pero la botella nunca se vacía. La droga sigue ahí. Ella nunca desaparece.

No.
Ella nunca desaparece.

martes, 15 de mayo de 2012

Conversaciones de madrugada.

- Sé que todo lo que te estoy diciendo te la suda, porque vas de duro. Pero sabes que en el fondo tienes corazón, ahí dentro hay un corazón. Que por fuera será duro. Pero por dentro no lo es.


- Aquí dentro ya no hay nada. Mi corazón lo tiene ella en un cajón, en Valladolid. Y si vuelve a crecer algo aquí dentro, me lo arrancaré a ostias.


- Crecerá, y sabes que no vas a hacer eso.


- Claro que no. Primero lo pegaré fuego.


- No seas imbécil. ¿Qué quieres? ¿Estar solo toda tu vida? ¿Morir solo? ¿No te gustaría tener una familia, hijos?


- Todo lo que quería era no llegar a viejo, no ser una carga. Morir cuando mi vida hubiese sido plenamente satisfactoria, y ser alguien. Dejar una huella en el recuerdo. Después llegó ella. Y me hizo pensar en toda esa mierda que acabas de nombrar. Ella se ha ido. Así que ahora puedo permitirme no tener sueños. No los necesito, y a ella tampoco.


- No sabes lo triste que me estoy poniendo al leer esto.


- Pues acostúmbrate: así es la vida. Cuando nacemos, a todos nos deberían dar un papelito a la puerta del útero en el que ponga "Si de verdad crees que esto va a acabar bien, vuelve ahí dentro".


- Para disfrutar de las cosas buenas a veces hay que vivir las malas...y deberíamos disfrutar más de las buenas, por haber superado las malas que nos ha tocado vivir. Ahora está bien que pases de todo eso, pero sabes que no es así...sabes que volverás a enamorarte, que volverás a sentir esa ilusión, volverás a sentir todo ese hormigueo, esas ganas de ver a esa persona. Las cosas que sentimos todos, las cosas que sienten los humanos.


- Yo no siento esas cosas.


- No eres como dices o quieres hacer creer que eres. Una persona que es como supuestamente tú quieres hacer a todos creer que eres, no habría hecho todas las cosas que tú has hecho por la persona a la que quieres...


- Todos cometemos errores. Incluso los malos.

lunes, 14 de mayo de 2012

Aviso de muerte.

Corre.

No mires atrás. ¿Qué coño haces leyendo esto? Vamos... no me digas que aún no te has dado cuenta. ¿Puedes escucharlos? ¿No puedes sentirlos, detrás de ti? HUYE. No pierdas tu miserable tiempo leyendo esta mierda. Vas a morir.

Seguramente estarás pensando: "¿Qué cojones me está contando este tío?" . Y eso es porque ellos quieren que lo hagas, quieren que pierdas el tiempo, quieren retrasarte. Te dieron demasiada ventaja, ahora es hora de atraparte. Y a ti no se te ocurre otra genial idea que entrar aquí a leer este texto. Fantástico. 5 puntos a tu inteligencia.

Ellos van a por ti, y no tendrán piedad contigo. Y cuando lleguen, da igual que les digas: "Oh, disculpadme. Me detuve a leer este texto y no tuve tiempo de huir. ¿Lo dejamos para otro día?". Así que, por favor, deja de leer esto. Limítate a correr. Apaga tu ordenador, coge todo el dinero que tengas en casa, ponte ropa cómoda, sal. Vive, disfruta, respira. Pero no vuelvas aquí, no dejes que ellos te atrapen. Están detrás de tí, amigo. Echan su aliento en tu puta nuca, y tu no tienes una idea mejor que pararte a leer...

Me cuesta creer que después de tanto tiempo no lo hayas sentido. Que no lo hayas notado, que te hayas dado cuenta de que eres una simple presa. Huele a tu alrededor, palpa el ambiente. ¿No los notas? ¿No los sientes, avanzando hacia ti como una enorme manada de lobos sarnosos que arañan y llenan de babas tus ventanas, como una marabunta de hormigas asesinas que se deslizan por las cerraduras de tu casa, como un ejército de mil leprosos que avanzan hacia ti con sus brazos extendidos y su carne infecta y destrozada.

Solo te lo diré una vez más.

Corre.

Deja de leer esta mierda. Huye. Sal de ahí.

Corren detrás de ti. Te dieron toda una vida de ventaja. Te es más fácil pararte a pensar si le gustarás al tío de la esquina, si la tía del fondo del bar se ha fijado en tu nuevo peinado. Te resulta más satisfactorio llevar ropa de marca, preocuparte por transpirar la camisa en el trabajo. Te parece que tu única meta futura es realizarte y llegar a ser algo en la vida, esa jodida y patética necesidad de ser algo útil. Y sin embargo ahora puedes abrir los ojos y darte cuenta de que los granos de arena de ese reloj, los segundos que siempre creíste tan diminutos e insignificantes, la muerte, tan lejana y arcaica, vienen a por ti. ¿Y qué has conseguido? ¿Qué has conseguido en tu vida? Estás a tiempo de querer, estás a tiempo de respirar, estás a tiempo de sentir, estás a tiempo de disfrutar. Cierra esta pantalla, basura inmunda.

Son los segundos.
Los años.
La muerte.

No te dejarán escapar. El tiempo se te acaba. Pensaste que siempre vivirías, que serías inmortal. Gilipollas.
Corren detrás de ti. Pero tú estás demasiado ocupado leyendo esto, como para darte cuenta.

Corre. Se te acaba el tiempo.
¿No lo notas?

martes, 8 de mayo de 2012

Un día perfecto (3º parte)

Pero... ¿por qué iba a conformarme con 3 personas? Nada de eso. La destrucción sabe demasiado bien como para lamerla a medias. Así que saqué la Makarov PM.

Cuando el grupo de colegiales que escuchaba atentamente a su profesor escuchó los disparos y comenzaron a correr en todas direcciones, mi mente se transformó en el visor de un videojuego violento. Podía imaginar en mi cabeza un objetivo y un cartel de "Acaba con ellos", podía ver sus barras de vida y mi contador de puntos ascendiendo sobre mi cabeza cada vez que acertaba un disparo en sus nucas.

Terminé el tambor del primer revólver con tres críos, y la primera bala del segundo arma voló sobre la carnicería que yacía en el suelo y se estrelló en el cuello del profesor, que cayó de rodillas, farfullando y sujetándose la tráquea con las manos. Que bello es el mundo, me dije.

Un tipo corrió hacia mí, intentando enfrentándose a la masacre y arrebatarme las armas. Dejé caer la pistola vacía, y propiné un puñetazo en marcha en la cara del asaltante. El golpe sonó como un chasquido: le había roto la nariz. El hombre se sujetó la cara e intentó golpear a ciegas, así que le sujeté por el cuello y de una patada le obligué a caer de rodillas. Introduje el cañón en su boca y los que intentaban acercarse a mí, se detuvieron al instante. Qué bello, qué hermoso es el mundo, me dije, observando a mi alrededor.

Comprobé aquella situación. Hacía unos minutos, aquellas personas caminaban separadas. Aisladas. Por su cuenta, preocupándose de sus problemas. Drogados y colocados de rutina. Ha bastado con que un hombre, un solo hombre, deforme esa rutina y ponga sus vidas en peligro, para que valoren su existencia y la del vecino. En esos momentos, corrían hacia mí, tanteando la posibilidad de que le volase la cabeza a aquel desgraciado que había inaugurado el contraataque.

Me había convertido en un particular Jesucristo. Evidentemente, no sabría qué hacer con sus almas. En primer lugar porque, hasta la 3º bala, no tenían. Eran máquinas perfectas de monotonía que no se preocupaban por sus semejantes. Sus trajes, sus corbatas, sus cámaras, sus helados, sus gafas de sol, sus bragas, sus paquetes de tabaco y de condones, sus chicles y sus calcetines, conformaban únicamente su existencia. Un poco después veían a un hijo de puta loco que disparaba contra la gente de la calle sin compasión, y habían unido fuerzas para acabar con él. Había desarrollado sentimientos a través de la sangre, del dolor, de la muerte. Habían comenzado a vivir. Su alma había crecido en su odio.

¿Y qué tenemos ahora? Un montón de gente gritando, armada con palos, piedras, cuchillos, cañerías, llaves inglesas, tubos de escape arrancados, petardos, bidones de gasolina, sierras de pizza, agujas de punto y todo tipo de herramientas, esperándome en la plaza de la ciudad. He logrado trepar al balcón de un piso cercano y vacío, por el poste de la luz, y después lo he derribado disparando a la base con toda la munición que me quedaba. Ahora me encuentro sentado en el suelo, dando un trago a una botella de vodka que he encontrado en el armario de la habitación y terminándome un cigarrillo. Me levanto lentamente y echo una mirada a través de la persiana. Míralos. Colaborando. Subiéndose a hombros del vecino, fabricando una escalera, compartiendo armas, preparándose para acabar conmigo. Mi muerte es inminente, pero no puedo evitar sonreír, escuchando de nuevo esos acordes flamencos en mi mp3. Veo como las tablas con las que he tapiado la ventana, se rompen a golpes, embestidas intermitentes. Doy una última calada y tiro la colilla al suelo, meto las manos en los bolsillos y sonrío. Solo sonrío, mientras observo a la manada de hombres y mujeres enloquecidos que ahoran lanzan destellos de humanidad por sus ojos, con sus armas en alto, corriendo hacia mí con sed de sangre.

Hoy he conseguido que el ser humano vuelva a ser humano, es un día perfecto.
Qué bello es el mundo.

lunes, 7 de mayo de 2012

Un día perfecto (2º parte)

Muy bien, vale, de acuerdo. Pongamos que no saco el revólver. ¿Qué cojones quieres que haga?

¿Me quedo mirando a la gente, con esa cara de estúpido que ponéis todos cuando sois felices, que parece sacada del jeto de un puto virgen de 28 años que trabaja de monaguillo y retira a los vagabundos de la puerta de la iglesia con una amable mano en el hombro, la cual después se lava al entrar en la sacristía? ¿Queréis que sea esa clase de hipócrita?

Vamos. Seamos realistas. Todos queréis hacerlo, todos hemos querido alguna vez hacerlo. Así que volvamos al trato original. Yo escribo, y tú te jodes leyendo lo que sabes, pero no quieres leer. ¿Capisci?

Extraje el revólver e introduje las balas una a una. 6. El tambor estaba completo. Los acordes de guitarra clásica seguían retumbando en mis oídos. Pero la canción pasó a otra, electrónica, densa, oscura. El ritmo era marcado por aplastantes golpes, como si una puerta metálica de dos toneladas rebotase repetidas veces contra el suelo. Las notas agudas se entrelazaban y creaban formas chirriantes, como si de gritos se tratase. La canción avanzaba a un ritmo lento y pesado, como un enorme robot negro y metálico que se abre paso a golpes por la ciudad, destruyendo los edificios poco a poco, saboreando el momento.

Decidí hacer lo mismo. Saborear la destrucción. Sin quitarme los cascos o las gafas de sol, levanté el revólver de lado y disparé la primera bala contra la espalda de un transeúnte. Me reí al comprobar que había disparado al mismo ritmo que la canción. La camisa ensangrentada del hombre comenzó a empaparse, y el individuo cayó contra el suelo de bruces, ante los gritos de sus acompañantes.

La gente comenzó a correr o a alejarse de mí en la plaza. ¿Por qué? Pensé. En realidad todos habéis soñado con esto. Pero entendí la naturaleza egoísta del hombre: nadie más que uno mismo puede cumplir sus sueños.

Disparé en la frente a una monja que iba en cabeza de una compañía. La mujer cayó hacia atrás con un gran punto rojo entre ceja y ceja, y la cara surcada con rayos de sangre. Todas gritaron e intentaron levantarla.

Llevaba dos balas. Disparé la tercera contra un policía que corría hacia mí con la pistola en alto. Y decidí extraer otra de las pistolas. ¿Adivinas cuál? Claro que sí... una Makarov PM.

Yo no me había movido ni por un momento de mi sitio, simplemente me limitaba a girarme y a disparar cuando veía algo interesante. No corría el viento, pero a cada vez que giraba bruscamente la americana ondeaba tras de mi, como si se tratase de la cola del diablo. Si algo estaba pensando en ese momento, es que por el bien de esa gente, ojalá yo fuese el diablo.

Por mucho que les matase, no sabría que cojones hacer con su alma.

domingo, 6 de mayo de 2012

Un día perfecto.

Ese día salí a la calle con una sonrisa de oreja a oreja. Hacía un sol espléndido, era uno de esos días en los que las baldosas parecían darte los buenos días al pasar y tú solo tenías que sonreír para que todo el mundo comprobase lo feliz y en paz que te encontrabas. Antes de salir de casa eché una mirada al espejo y allí vi un hombre nuevo, un hombre tranquilo y seguro de sí mismo. Había comprendido su cometido, se había salvado a sí mismo, sabía lo que tenía que hacer y cómo hacerlo, sabía que no merecía la pena sentirse mal. Debía sonreír.

Me puse un pantalón negros. Me puse una camisa blanca, impecable, y una corbata negra, fina, elegante. Me coloqué uno a uno los anillos, terminé de perfilarme la barba frente al espejo y me coloqué la americana negra sobre los hombros. Perfecto. Eché una ojeada por la ventana de mi piso antes de salir, me puse las gafas de sol, cogí mis trastos y salí fuera.

Una vez en la calle, sonreí. Observé a la gente pasar. Cada uno con sus problemas, con sus caras de alegría de tristeza. Sus pensamientos, sus vidas. Sus minúsculos sentidos. Sonreí. Qué bello es el mundo, dije.

Caminé a lo largo de unas cuantas calles y llegué a la plaza central de la ciudad. Lleno de gente. Lleno de vida. Saqué los cascos del bolsillo, me los puse en los oídos y encendí el mp3. Unos acordes de guitarra española retumbaban en mis oídos. Las notas vibraban, bailaban y sentían como si estuviese sumergiendo mi cabeza en un cubo, en el que se celebraba una de esas fiestas gitanas de las noches de julio en las que las mujeres bailan, sudando, sonrientes, ondeando su precioso pelo al viento, y el calor de la noche se desliza a través de los asistentes, poseyéndolos como un demonio voraz y festivo que les hace perder los sentidos, el control. Bailar, vivir, soñar, sonreír, volar. La música inundó mis oídos. Sonreí de nuevo. Aquello era perfecto.

Eché un vistazo a la gente que paseaba por la plaza, a través de mis gafas de sol. Me ajusté la corbata y sonreí. Y en ese momento, extraje mi revólver. Cargué las 6 balas en el tambor, besé la parte superior del cañón como si se tratase de mi fiel perro y....

Un momento.

¿Creías que todo iba a ir bien? ¿Creías que solo porque te dijese lo bonito que es el mundo y lo vivo que me sentía todo iba a acabar bien? Por favor, no me hagas reír.

sábado, 5 de mayo de 2012

Sangre y lágrimas.

Golpeé una y otra vez mi rostro, frente a mi. Pero no encontré ninguna respuesta.

No encontré un "la quiero", un "la odio".
No encontré un "quiero vivir", un "quiero morir".

Golpeé con todas mis fuerzas, sentí la sangre salpicando mi cara. Pero no escuché nada.

No oí ningún "ayúdame", ningún "déjame solo".
Ningún "soy feliz", ningún "estoy triste".
No oí un "¿por qué te fuiste", un "ahora me va mejor todo".

Golpée mi rostro. Golpée la carne de mi cara. Sentí como los huesos se rompían bajo mis embestidas.
Los nudillos se incrustaron una y otra vez en mis mejillas.
Carne blanda, húmeda, frágil, enferma. Noté los chapoteos sanguinolientos del rostro deformado a golpes.
Vi cada una de mis propias miradas. Vi mi propia desolación, refugiada, en los pocos rasgos reconocibles que me quedaban.

Pero seguí golpeando, no me detendría ante nada.

No escuché un "no voy a rendirme", tampoco un "quiero fracasar".
No escuché un "no ha terminado", un "esto, es el final".
No escuché nada. No miré atrás.
Ningún eco me hizo compañía.
Ningún monstruo me podría parar.

No escuché nada. Y cuando los últimos dientes dejaron de oponer resistencia a mis puños,
la sangre se deslizó por mi destrozada boca.
Cayendo sobre el pecho, dibujando tu nombre.
Como un tatuaje infecto, como un virus, un insecto deforme, que se incrusta en mi carne y me obliga a mirar.
Eterno, imposible de borrar, yacen tus tres letras que ni aún matándome a golpes, me podría arrancar.

Golpeé una y otra vez mi rostro, frente a mi. Pero no encontré ninguna respuesta.
Solo sangre y lágrimas que limpiar.

jueves, 3 de mayo de 2012

Hoy lo he comprendido.

Hoy es uno de esos días en los que abres los ojos y te das cuenta de muchas cosas, que antes eras incapaz de percibir. Te conviertes en una esponja, blanda y receptiva, que absorbe el mundo y las sensaciones de una forma inexplicable.

Me has arrojado a un infierno del que no puedo salir solo, y mi fantástica y patética decisión ha sido la de fabricarme un palacio en él. Un enorme hogar con mis errores como ladrillos, que he acristalado con cada una de mis mentiras y de tus falsas promesas. Tengo un trono negro, ardiente, apuntalado con mis recuerdos más tétricos y dolorosos. Nunca se moverá de ahí. Me has arrojado a un infierno del que me he hecho dueño y señor absoluto, para no tener que salir de él jamás. Nada escapa a mi control aquí abajo. Nada.

He comprendido que no podría cambiar el frío de las sábanas de mi cama, durante la noche, por un abrazo tuyo. Porque ese frío no significa soledad, sino calma. En este infierno, las llamas consumen mi alma lentamente, como lenguas negras y escurridizas que lamen mis cicatrices. Como perros. Como lobos. Y el frío de esas sábanas que abandonaste, me refrescan en la noche. Me hacen sentirme aún más vivo de lo que nunca fui cuando me asesinabas con tus miradas.

Hoy he comprendido que prefiero un día lluvioso y gris, a una tarde soleada a tu lado. Que ese agua cae sobre mi rostro y se convierte en mi maquillaje. Nadie llora en la lluvia. Al sol, las lágrimas se secan y sobre la cara quedan esos surcos pegajosos cruzando tu expresión. Huellas de un dolor imborrable que te delata ante el mundo.

He llegado a comprender, al fin, que me gusta estar solo. Cuando pierdes algo, aprendes a valorarlo. Yo he aprendido a despreciarlo. Porque las cadenas pesan, los anillos aprietan, los colgantes asfixian, las miradas duelen, los cascabeles suenan. Pero si no hay nadie para sentir todo eso, es que todo eso no existe.

Fuego.

La habitación está oscura. No se distinguen las siluetas correctamente.

- ¿Estás lista? - digo, con voz sonora y socarrona.

Solo escucho un leve gemido, a través de una cinta aislante pegada a la boca. Parece que esto va a ser divertido.

Me acerco a un extremo de la habitación y pulso el interruptor. Una bombilla solitaria y mortecina ilumina la habitación. No hay nada en su interior: paredes lisas y sucias, suelo de hormigón. Ni siquiera tiene parqué. Imagina que le ofrecen a un cadáver: "Señor, lamento molestarle pero... por la compra de una mortaja de Luccio & Vellio, le regalamos nada más y nada menos que un televisor de plasma con la posibilidad de acoplarlo a la tapa de su ataúd. Además, si lo hace antes del 17 de Mayo, le regalamos la tapicería de terciopelo para su interior y una almohada acolchada". La respuesta del muerto será un incómodo y pegajoso silencio. ¿De qué sirven las comodidades cuando estás muerto?

Me paro un segundo a observar a la chica que tengo delante de mí. Vaya... ha cambiado lo suficiente como para sorprenderme al encender la luz. Pero sigue siendo la misma de siempre. Me acerco lentamente y me arrodillo frente a ella. Cara a cara.

- ¿Te parece ahora una distancia razonable? - le susurro, mientras observo detenidamente sus lágrimas corriendo por sus mejillas.

El llanto humano, por definición, es una técnica del propio cuerpo para lubricar y limpiar el ojo. El resultado, en este caso, es ensuciarlo aún más. Las mejillas se llenan de chorretones pegajosos de rímel negro, los ojos se emborronan y ensucian. Lo curioso es la vitalidad que las lágrimas dan a un ojo de mujer. Y sin embargo, no deja de estar llorando.

Los estudios sobre el llanto dicen que las mujeres lloran un promedio de 47 veces al año. Los hombres, solo 7. Suelto una carcajada al pensarlo. Si esos estudios hubiesen llegado a la puerta de mi casa a las 5 de la mañana durante el último mes, realmente no habrían llegado a esas estúpidas conclusiones. Dudo mucho que  este ser lloriqueante, amordazado y atado a una silla haya lamentado todo esto y llorado más que yo. No solo lo dudo: lo niego. Me niego.

Me acerco a la puerta por la que he entrado y encuentro mi herramienta junto a ella. Un bidón de gasolina de unos 10 litros de capacidad. Suficiente para acabar con esto. Me acerco lentamente a ella, desenrosco el tapón y dejo que caiga al suelo. Dejo que el eco inunde la habitación. Dejo que el tapón ruede por el suelo de hormigón hasta tambalearse un poco, y tumbarse sobre el frío suelo, alejado de nosotros.

La mayoría de mamíferos del planeta Tierra cuentan con un sistema de lagrimeo para limpiar los conductos oculares y mantener limpio el ojo. Sin embargo, el ser humano es el único que, según estudios realizados, expulsa lágrimas emocionales. Vuelvo a sonreír y echo un vistazo a la chica. Vamos. No me jodas. ¿Lloras de verdad? Ambos sabemos que esas lágrimas no son distintas a la del lagarto de mi vecino.

Levanto el bidón. Ella comienza a llorar a moco tendido, literalmente. Grita a través de la mordaza de cinta aislante, tira de las cuerdas. Todo es inútil, querida. No vas a moverte de ahí. Llora, llora todo cuanto puedas. Es demasiado tarde. Me detengo un instante. La observo. Me río. Y comienzo a derramar el contenido.

Las gotas caen por todas partes, el chorro es infernal y caudaloso. No para de caer gasolina en todas direcciones. La chica grita. No para de gritar. Intenta moverse, intenta evitarlo. Es imposible. La gasolina ya cae del bidón como una enorme catarata de bilis tras una noche de fiesta. Cae como un reguero de sangre en un día de furia. Cae. Y lo empapa todo.

Los estudios realizados sobre las lágrimas y el llanto, revelan que las lágrimas femeninas funcionan como un "antiviagra". Emiten una señal química que, cuando el macho la recibe, se reduce su deseo sexual. Chorradas. Ahora mismo estoy disfrutando de este momento, estoy vivo e inflamado de emoción. Inflamado. Qué bonita palabra.

La gasolina sigue cayendo y ante mi mente, comienzan a pasearse los recuerdos. Uno tras otro. Es curioso como, cuando tomas una decisión así en tu vida, todos los momentos buenos empiezan a pasearse por tu mente. Las neuronas y las células cerebrales relacionadas con los recuerdos comienzan la batalla, agolpándose en tu cráneo e intentando que les des el visto bueno antes de que todo acabe. Imagínate cientos de esos minúsculos monstruitos gritando en la cabeza: "¡Yo recordé más cosas!", "¡Gracias a mí te acuerdas de esto!", "¿Recuerdas cuando...?". Silencio. Solo quiero silencio. Quiero disfrutar y saborear mi victoria, mi momento. Pienso en ello mientras miro a los ojos a la chica atada y amordazada, que lentamente deja de llorar para mantener los ojos abiertos como platos. En shock.

En términos médicos y más concretamente psicológicos, la definición de un trauma psíquico es la de una  "exposición personal directa a un hecho que se manifiesta como una amenaza real o potencial de muerte o daño severo, incluyendo otras amenazas a la integridad física personal. También implica el hecho de ser testigo de un suceso que envuelve muerte, daño o amenaza a la integridad física de otra persona, o enterarse de la muerte no esperada o violenta, daño serio, amenaza de muerte o daño experimentados por un miembro de la familia u otra relación cercana". Rememoro estas palabras en mi mente, despacio, como si saborease la última cucharada de un postre casero. Sus ojos están abiertos como dos platos vacíos en la mesa de Navidad de un pobre. Impactados, expectantes. Las lágrimas van secándose a su alrededor.

Me río, y terminó de vaciar el bidón de gasolina.

Extraigo un mechero Zippo.

- Tú lo has querido, no yo - le digo. Las lágrimas brotan lentamente de sus ojos.

Acerco el Zippo a la ropa, empapada de gasolina.

Y ardo ante sus ojos.


miércoles, 2 de mayo de 2012

DREVONES.

2 - 5 - 2012.
Hora: 11:25 a.m

"Coche. Odio los putos viajes en coche. A cada 500 metros pienso en lo satisfactorio que sería darnos la ostia contra un árbol y dejarnos de chorradas.


He estado pensando como ha empezado el mes de Mayo. El mes de las flores. Esa es la imagen que todo el mundo relaciona con este mes. Estoy seguro de que cuando lo hacen, imaginan flores coloridas, margaritas, amapolas, prados verdes, árboles en flor. Nadie imagina zarzas, rosas con espinas, árboles retorcidos, sauces, bosques altos y oscuros. El mundo solo tiene un punto de vista, y si intentas explorar el opuesto, estás "enfermo".


Léase: Hipocresía, miedo, protocolo, sociópata, estupidez.


Y ahora que lo pienso, Abril ha sido el mes más extraño de los últimos años de mi vida. No solo me han dejado tirado, sino que he descubierto facetas de mí mismo que creía enterradas para siempre. En fin... no pienso comerme la cabeza por cosas que no merecen la pena. Sé que las cosas no irán a mejor, pero me conformo con que no vayan a peor. Tarde o temprano la vida volverá a remontar el vuelo. Y yo estaré ahí para meterle un tiro y que caiga contra el suelo, para que nunca más vuelva a aterrizar. No soy una buena persona, soy un ser humano. Son seres incompatibles.


Seas quien seas, asqueroso lector, ahora mismo debes de pensar que no estoy completamente bien de la cabeza. No te falta razón, hace unas semanas que una zorra me quitó un gran pedazo de ella. En cualquier caso, ya que has encontrado este cuaderno, te daré más motivos para asustarte y para aprovechar mi experiencia en tu, como la mía, desastrosa e insignificante vida. Y no me digas que tienes una vida fantástica, si estás perdiendo el tiempo en leer estas páginas de un cuaderno que te has encontrado por ahí. Te lo dije en la primera página: si crees que esto tiene un final feliz, deja de leer inmediatamente.


La idea principal de este cuaderno fue hacer un diario con el que aguantar y resistir hasta que cierta persona despertase de su estúpido letargo autoinfligido. Pero tuve una idea mejor hacer poco: coger todos los pedazos del corazón que ella destrozó, machacarlos, unirlos con una foto suya  y esnifarme el dolor. De una forma u otra, esto se acabó, y yo con ello. Lo que ahora lees, no es más que el testimonio de un hombre que va a dejar de ser hombre. Bienvenido al estado DREVONES.


Este estado se basa en 8 principios fundamentales a seguir para convertirte un anti-humano de la cabeza a los pies, capaz de sobrellevar la vida cuando todo esté derruido. ¿Es bonito? Depende de como lo mires. ¿Fructífero? Por supuesto. ¿Moral? Venga... no me jodas.


¿Por qué 8 principios? Porque odio el número 8.


Procederé a explicar en que me baso para exponer la -teoría del infierno blanco-, o el estado DREVONES.


D) Destrucción. = Considera la destrucción como una forma de creación alternativa. No sientas pena ni remordimientos de destruir algo, puesto que al hacerlo, estás creando algo nuevo, un nuevo estado. Esto te incluye a ti mismo. El hecho de destruirte o ser destruido, concierne un cambio, y debes aprovechar ese cambio para evolucionar. La destrucción es otro tipo de creación.


R) Radizalicación = Las dudas solo crean más dudas. Tú tienes tus razones y tus argumentos. Los argumentos ajenos, respecto a una acción tuya, solo son gotas de agua en el océano de tu pensamiento. Gánate lo que crees que te mereces, lucha, juega, haz trampas. Pero no dudes. Hazlo o no lo hagas, pero no lo intentes.


E) Eliminación = Elimina los sentimientos. La mayor debilidad del ser humano y el principal fallo de su sistema son los sentimientos incontrolables, los cuales comprenden cerca de un 95% de los sentimientos existentes en el cerebro humano. Acaba con ellos y serás invencible. El amor provoca despecho, las ilusiones provocan desengaño, la alegría desemboca en tristeza, el odio en remordimientos, la venganza en arrepentimiento, la confianza en traición. Libérate de la esclavitud del corazón sobrecargado, es un lastre y un ancla. Simplemente, avanza.


V) Vitalidad = Vive. Por y para ti. Si no te preocupas de ti, nadie va a hacerlo. Exprime tus días como si fueran el último. Vive como si no hubiese un mañana y aprovecha cada segundo de existencia.VIVE, en mayúsculas.


O) Olvido = El pasado es eso que nos putea en el presente cuando intentamos mejorar el futuro. Es un lastre que no necesitas.  Deja que las cosas fluyan hacia adelante, y que las cicatrices curen por si solas, no metas el dedo en la llaga. No hay retorno. Avanza sin mirar atrás.


N) Nihilismo = Somos lo que comemos y seremos lo que cagamos. Asume que tarde o temprano morirás, o hasta entonces serás un ser inútil. Las creencias y los ideales son exucsas para darle un sentido a este viaje sin retorno. Viaja, vive, corre y vuela, pero no te aferres a nada ni nadie. Vive hasta que todo acabe.


E) Existencialismo = Eres lo que la vida va haciendo contigo. Eres libre y totalmente responsable de tus actos, asúmelo y avanza con eso. Solo somos bolsas de basura llenas de recuerdos, heridas, personas, momentos. Eres una esponja. Retira el pasado como melancolía, aprovéchalo como experiencia. No dejes que la memoria te frene, deja que te construya. Eres libre: eso solo es un problema si piensas demasiado en ello.


S) Sexo = No amor. Vacío. Folla y respira como un animal. Entrénate para ser capaz de salir corriendo. Has nacido para correr, no para sentarte al borde de una cama. Huye del mundo, puedes hacer lo que quieras con tu vida. Que ninguna mujer, hombre, animal u objeto te domine. Haz lo que tengas que hacer, no sientas nada. Nunca trae nada bueno.


Ya conoces los pasos del DREVONES. ¿Los pondrás en práctica? No. Tienes demasiado miedo.

El descenso al infierno comienza aquí. Si te atreves, baja el primer escalón. El resto vendrá seguido.

Tú decides, tú sabrás qué hacer con tu vida a partir de ahora.


Lo que lees son los pedazos de una mente que se construye a partir de las cenizas y los escombros. Si te consideras feliz, si tienes a alguien, si todo te va bien, cierra esto y disfruta. No pienses que esto tiene un final feliz o que es una bonita historia de amor.


Si todos los días sientes un agujero negro en tu estómago, un vacio ciclotímico que nunca se larga... este es tu mundo. Entra. Y vive en el infierno blanco".

Esto no es una canción de amor.

Doblo las esquinas para encontrarte.
Rebusco entre las gotas de ron,
hasta quemarme los dedos frotando el fondo del vaso.
Paso frente a tu maldita puerta,
echo una mirada al reflejo del cirstal para ver
si me devuelve un guiño sincero.
Pero no te quiero.
No pienses, ni por un momento, que te quiero.

Busco tu mirada, aparto a la gente a golpes,
abro a cuchilladas el cielo.
A dentelladas derribo las puertas,
los armarios, las ventanas,
buscando restos de tu paso, de tus huellas,
vestigios de tus madrugadas.
Pero no te quiero.
No te quede ninguna duda: no te quiero.

Lloro, me destrozo.
Me pudro, me pierdo.
Pero no te quiero.

Te echo de menos, te añoro.
Me dueles.
Pero no te quiero.

Te necesito.
Pero no te quiero.

Te quiero, más que a nada.
Más que al mundo entero.
Pero recuerda, no lo olvides,
ten presente este grito sincero.

Yo, entre todas las cosas,
no te quiero.