lunes, 26 de agosto de 2013

Deyja.

Están todos cubriendo el horizonte.
Sus armaduras, cubiertas de huesos y plumas negras, tiemblan con el viento.
Sus sonrisas están cubiertas de sangre. De odio.
Los dioses juegan a los dados con mi mente.

De rodillas, espero el golpe final.
Espero el momento en el que todos ellos corran hacia mí, con sus armas levantadas, y despedacen mi cuerpo con brutalidad. Con amor.
Espero mi muerte.

Los lobos lloran.
La lluvia cae con fuerza.
Suelto la espada, suelto el escudo.
El dragón cierra los ojos y se relame, afilando las uñas.
Me abro la armadura y me pongo en pie una vez más.

Es todo lo que puedo hacer, en la noche del cuervo.

Invocación.

Estoy harto.
Así que veámonos las caras, hijos de la gran puta.
Venid a mí.

Me cago en todo, en vuestra puta existencia, en vuestra puta vida. Y sé que leéis esto, sé que acecháis como hienas, llenas de mierda, hienas de mierda, tras las pantallas, tras vuestros putos zulos y vuestros putos anonimatos.
Sé que estáis ahí. No me hace falta ni comprobarlo. Lo sé.


Si hoy he venido aquí a escribir esto es básicamente porque el ser humano en general no sabe querer. No tiene ni idea de querer.
Y sí, eso va para ti, culebra que perdió la cabeza.
Y sí, eso va para ti, "chica del banco de voz ronca, tatuada y con una cerveza entre las manos". (Hay que ver lo que te gustas a tí misma...)
Y sí, eso va para ti, indio mediterráneo al que no le gusta que toquen sus juguetes.
Y sí, eso va para ti, demonio de ojos brillantes y piel translúcida.
Y sí, eso va para todos. Para todos y cada uno de vosotros, seáis o no mis fantasmas. Para todos.




El inglés tiene muchas sutilezas. Un idioma originario de las tribus germánicas norteñas debería ser un dialecto más rudo y bruto en muchos aspectos, y sin embargo guarda sutilezas pragmáticas y semánticas mucho más notables que idiomas antiguamente más elegantes como el francés o el propio español.
En español poseemos el verbo "querer". Y somos gente tan frívola que utilizamos este verbo con total asiduidad, soltamos un "te quiero" al primero de cambio, se nos llena la boca diciendo lo mucho que queremos a las personas.
El mismo verbo sirve para designar lo que queremos como posesión, como pertenencia. Queremos ese disco, queremos ese vestido, queremos esa casa.
Mientras que en español utilizamos indistintamente el mismo verbo, en inglés distinguen entre "love" (querer de amor, de necesitar, querer a la persona), de "want" (querer de posesión, de objeto, de tenencia).

Es gracioso.

Apuesto a que en vuestra cabeza habéis asentido con fuerza, pensando "que obviedad más tonta".
Lo gracioso es que realmente, muy pocas personas de las que estáis leyendo este texto estáis capacitadas para sentir el primer querer, el de verdad. Del inglés, "love".

Engañáis a la gente y os engañáis a vosotros mismos diciendo que los queréis, "love". Lo único que vosotros hacéis es "querer", el falso. Del inglés "want".



Puedo contar con los dedos de una mano las personas que me han querido.
Pero tardaría una vida en enumerar las personas que me han "querido".

Y la característica más interesante de la gente que nos "quiere", y que no nos quiere, es que cumplen una cantidad de requisitos y características concretas.

Da igual cuanto des a esa persona. Te lo agradecerá pero nunca comprenderá el sacrificio, nunca comprenderá lo que le das. Esa persona te dé lo que dé, creerá que te ha dado el mundo. Son esas personas a las que no les interesa lo que les cuentes, les interesa lo que ellos van a decir a continuación. 
Dales el mundo, entrégales el Sol y la Luna porque los quieres, porque ves luz dentro de ellos. Ellos te darán una piedra y un charco, y has de sentirte orgulloso. Y eres tan tonto, que te sientes orgulloso, porque te han dado "algo". Pero cuando pasa el tiempo te das cuenta del engaño: tú pierdes tus brazos por darle algo a una persona que rebusca lo primero que encuentra en el suelo, para darte algo y tenerte contento, a su lado.

Pongamos el caso de esa gente que realmente te da mucho. Cuando quieres a alguien, se supone que lo que das debería ser porque quieres a esa persona, no porque esperas algo a cambio. No nos confundamos: si le das a alguien el Sol y la Luna, yo no me quejo de que la otra persona me dé un charco. Me quejo de que me dé charco y me haga creer que me está dando la vida. Está bien ser bueno, no imbécil.

Como iba diciendo,  cuando quieres a alguien, se supone que lo que das debería ser porque quieres a esa persona, no porque esperas algo a cambio. ¿Por qué entonces, personas que me "queréis" pero que no me queréis, me dais todo lo posible (o eso es lo que vosotros decís), solo para echarme en cara lo que me habéis dado?

Yo no os echo en cara el perder los brazos, no os echo en cara cuando os levanto una y otra vez del suelo.
No os echo en cara daros aliento cuando os ahogáis bajo el agua por no querer salir.
Yo estoy ahí, haciendo lo posible, porque os quiero.
Porque necesito salvaros.
Yo estoy ahí.

¿Y qué hay de vosotros? Cuando estoy cansado o no puedo daros, me gritáis, me lloráis, os cortáis, os golpeáis, os maltratáis, os humilláis públicamente. 
Os ponéis en pelotas en la plaza del pueblo, solo para que yo aparezca corriendo con una capa y os cubra, y os lleve a un sitio sin gente. 
Os cortáis solo para que yo me beba la sangre y cure la herida.
Os humilláis solo para que yo me desnude, baile y adquiera el papel del payaso, para que vosotros no seáis esperpentos de vuestra puta locura.
Buscáis que os mienta, lo pedís a gritos inconscientemente. Necesitáis que os diga lo que sois, lo que significáis, y no importa si es verdad o mentira. Sois como yonquis buscando una dosis. Y si para conseguirla tenéis que arañar mis entrañas y hacerme sentir como una basura, lo haréis. Porque realmente lo importante es lo que "queréis". No lo que queréis.

Y cuando consigo liberarme del yugo, cuando realmente consigo ser feliz, y libre, cuando encuentro algo por lo que seguir viviendo con una sonrisa en la cara, cuando por fin encuentro a alguien que me hace sentir como si estuviese vivo... me crucificáis.
Me convertís en el peor villano, en el peor asesino, en el peor violador, en el peor monstruo imaginable.
Me convertís en una bestia, esperando que vuelva a la cueva, lloriqueante, destruido, arruinado, a la cueva donde siempre me tendréis controlado y vigilado. A la cueva de la que nunca me marcharé. Y estando solo y sangrando, solo tendréis que ponerme un par de vendas en las manos, para hacerme creer que sois los únicos que me cuidáis y curáis.



Me dais asco.

Solo sois sanguijuelas. Solo sois parásitos. No merecéis ser salvados, no merecéis ayuda. Solo merecéis encontraros con vosotros mismos en una habitación, saber lo que significa y supone encontrarse con seres como vosotros.
Nunca acertar.
Nunca ser nada.
Nunca ser nadie.
Nunca ser bueno.
Nunca ser suficiente.

Solo sois basura, y espero de todo corazón (si es que me queda al menos un solo pedazo de él...) que algún día alguien os demuestre el significado de querer. Que elimine de vuestra cabeza el significado de "querer".
Que empecéis a entregar.
Que dejéis de poseer.
Y que dejéis de creer que las demás personas del universo solo son extras de vuestra película, de vuestra historia.

Esta vez no vuelvo a la cueva. 
Esta vez me voy, con ella, a donde ninguno de vosotros pueda encontrarme.
Porque tiene que haber más mundos, más gente, más personas a las que salvar, y ayudar, y que te quieran, y que no te "quieran".

Esta vez no vuelvo a la cueva.
Así que insultadme, escupidme, balbucead como bestias viscosas. 
Retroceded con la luz, apartaos de la entrada. 
Aunque me abrase con el Sol, yo me voy de aquí. 
Y aún siento vuestras afiladas garras goteando sangre y señalando mi espalda, ordenando al mundo que me masacre.
Y aún siento vuestro aliento en cada esquina, vigilando mis movimientos, y retorciéndoos porque no podéis encerrarme en un cofre como antaño.

Estoy vivo.
No tengo cadenas.
Y si he de enfrentarme a todos y cada uno de vosotros, venid a por mí.


El Valhalla no acepta cobardes.

sábado, 24 de agosto de 2013

Una vez más.

Esta noche no habrá luna.

Esta noche será eterna, será el infierno de lo oscuro.
No dejaré que las estrellas me observen, me internaré en la oscuridad.
No quiero carne humana, no quiero ojos.
Esta noche no habrá sangre, no habrá sonrisas.
Esta noche corro con los lobos como si nunca hubiese dejado de ser uno de ellos.

Esta noche daré la espalda a los dioses.
Daré la espalda a Cloto, y reprimiré mis ganas de apuñalarla.
Esta noche, Fenrir aullará lo más fuerte que pueda.
El Ragnarok comenzará en mi estómago,
esta noche es el principio del fin de los tiempos.

Esta noche dejaré el dinero sobre la mesita de noche.
Me follaré a Fortuna y me largaré del lugar, antes de que despierte.
Esta noche descarrilaré.

Esta noche no habrá luna.
Solo habrá una enorme explosión,
una terrible llamarada de partículas radioactivas que abrasará mi interior.
Esta noche habrá caos.

Pero cuando la noche acabe,
despertaré junto a mí otra vez.
E incrustaré el filo contra el colchón,
contra el espejo,
contra mi pecho.
Libraré otra encarnizada batalla contra mis ojos.
Pero no habrá victoria.

Las valkyrias golpean mi ventana, confundidas, sin saber si llevarme o no.
Guinaré un ojo para ellas,
pues no habrá Valhalla hoy.
Aún queda mucho que hacer.

lunes, 12 de agosto de 2013

Oración de la caja de Pandora.

Parece que no teníamos ni idea.
Creíamos saberlo todo,
todo sobre las personas,
el mundo,
mis noches,
tus gritos,
tus llantos,
mis grietas.
Creíamos saberlo todo,
todo sobre la muerte,
sobre la vida,
sobre las heridas,
sobre la mierda.
Pero no.
Parece que no teníamos ni idea.

No se trataba de salvar al de enfrente,
no se trataba de entrar en su mente,
de recibirlo en tu interior,
alquilarle la habitación,
al precio del dolor,
para siempre.

No se trataba de rescatar al mundo,
de salvarlo de las fauces de la muerte.
No se trataba ni siquiera de ser héroes,
ni villanos,
ni secundarios con suerte.

Tú creías que la clave era vivir con el pecho abierto.
Creías que esa era la manera de evitar todas las mentiras.

Yo creía que la clave era vivir huyendo, escapando del mundo.
Creía que esa era la manera de sobrevivir a una vida.

Pero se trataba de vivir con el pecho abierto,
pegados, abrazados,
cubriendo cada uno con su cuerpo
del otro la herida.

Se trataba de vivir huyendo,
de la mano,
sin mirar atrás.
Alimentándonos de una sonrisa.


domingo, 11 de agosto de 2013

One.

La noche antes de un largo viaje, siempre hace frío.
No importa si cierras o abres la ventana: el frío penetra en tus huesos y te hace arroparte bajo las mantas, pegar los brazos al cuerpo, cerrar los ojos para concentrar el calor.
Vuelves a los 5 años.
Vuelves al terror nocturno.
Vuelves a la soledad.

La soledad.
¿Volver a ella?
¿Cuándo la has abandonado?
Es tu puta preferida, y tú su mejor cliente. Nunca va a dejarte marchar, al fin y al cabo todos estamos durmiendo con ella cuando llega la muerte. Ella es así de ambiciosa.



Soy un mendigo. 
Soy un niño revoltoso y abandonado, que camina por las calles sin más carga que sus fantasmas y una botella de ron. 
Pero hago lo que puedo, ¿no? No soy doblegado, no tengo correa, nadie me ha atrapado.
Soy libre como un perro sin chip.
Vago, solo vago por donde puedo y por donde no puedo.
Camino sin rumbo, y si no tengo permiso para hacerlo, mejor.
No me gusta pedir permiso, no me gusta pedir perdón.
Nunca he jugado a su juego, nunca he sido otra pieza, otro peón.
No.

Pero, ¿de qué me sirve?
En el núcleo de la soledad más absoluta, solo tengo un billete hacia la suerte.
Siempre estuve jodido, maldito. Nunca me salieron bien mis planes, así que vivo al día.
El as de picas.
La carta de la muerte.
Me juego la vida en causas perdidas, me juego mi causa en una vida perdida.
Me juego el alma, y la pierdo mil veces. Y la perderé otras mil.

No sé a donde voy.
No sé de donde vengo.
No sé si este mi sitio,
no sé siquiera si tengo hogar.
Solo sé que estoy hecho pedazos, desde que tengo uso de razón,
y sigo buscando las piezas de este rompecabezas que lleva mi nombre.
Me odio cuando debería quererme,
me quiero cuando debería odiarme.
Soy la veleta del infierno,
el caso perdido.



Y la pregunta no es si tengo remedio, la pregunta ni siquiera es si seguiré alimentándome de rechazo.
La pregunta es si quieres pasar la noche aquí, dentro de mí.
Así que responde, quédate conmigo, hace frío y es tarde.
Ven aquí y cierra los ojos, entre mis brazos.
Quédate conmigo y busca.
Cuatro manos son más que dos.
Y encuentran muchos más pedazos.

jueves, 8 de agosto de 2013

Cloto.

Toda mi vida he bailado con los muertos.
He bajado a mi infierno mil y una veces a buscar razones, a buscar motivos y explicaciones a mis heridas. Lo triste de que un niño de 7 años ya siente que no encaja en ninguna parte no es que no encaje, sino que nadie le explique el por qué. El océano de la incertidumbre es lo que mata las sonrisas cuando se tiene el potencial de sacarlas.


He entrado en el inframundo por condena propia, con los gritos y los reproches taladrando mis oídos desde el origen de los tiempos. He vivido en el Hades, para sentir el calor en las noches más frías. Y allí no he podido hacer otra cosa que matar el tiempo. He empujado la roca una y otra vez. He bebido del Estigia. Me he sentido impotente, pequeño, roto, vacío entre los cadáveres. Incluso sabiendo que solo eran cadáveres, mi cuerpo no era mejor que el suyo, aun vivo. Me he sentido patético frente a sacos de huesos, cubiertos de mierda y moscas, que me miraban con recelo y con burla desde sus cuencas vacías.


Logré como pude salir de aquel Naraka. Salí como pude de mi propia oscuridad. He huido a golpe de puño y a grito de guerra. Ninguna mano logró encerrarme entre los esqueletos, ningún ser pudo encarcelarme en la oscuridad. Con las prisas dejé pedazos de mi... habrá que regresar a buscarlos, poco a poco y con tiempo. Pero he logrado salir. Mi alma ya no le pertenece al Demonio de las Tres Notas. Mi alma ya no está enjaulada.


Mi premio ha sido conocer el hogar que nunca tuve. La incertidumbre se burla de mi, haciéndome preguntar cómo puede echarse de menos lo que jamás has tenido.


He conocido mi mundo, y no pertenezco a él.
He conocido un refugio demasiado puro incluso para un ser como yo.
He encontrado un lugar tan virgen de humanidad, que con mi sola presencia me daba la sensación de estar mancillándolo.




Cloto, maldita zorra, qué te he hecho yo para que me hagas sufrir la peor de las condenas. Tejiendo este infierno, esta hebra de la vida que no encaja en ninguna prenda, esta hebra que no va pareja con ninguna otra, esta hebra sola y deshilachada, sucia, semirrota, que nunca termina de romperse.


Pero yo también sé tejer, puto engendro.
Y tejeré mi propia historia.
Del color que elija, flexible.
Válida.
Útil.


Mañana será otro día.
Otro día en el infierno.
Pero al menos sé que Átropos se ha tomado el día libre.


Siempre hay tiempo de levantarse,
y siempre aparece una razón.












"Si nada nos salva de la muerte, que al menos el amor nos salve de la vida".

Sisyphus.

Cuando has conocido la libertad, es difícil entrar voluntariamente entre los barrotes.

Has sido capitán de un navío muerto, líder de traidores, jefe de villanos. Tu espalda ha recibido tantas puñaladas que apenas puedes distinguir las marcas de la piel virgen.
El callo que muestran tus manos no es fruto del trabajo duro, es fruto de la muerte.
Fruto de la espada, de la pistola, de la botella.
Tienes más ron que sangre en las venas y si pudieses nunca pararías dos veces en el mismo puerto, nunca la misma puta, nunca la misma pelea, nunca la misma taberna, nunca el mismo callejón. Huirías del mundo y de ti mismo.
Has surcado los mares más negros, más profundos, más oscuros. Los monstruos marinos más horribles que se puedan imaginar han rozado tus pies, con sus viscosos lomos.
Sus sombras han pasado bajo tu cuerpo como cuando la noche cae sobre nuestras cabezas.
Has sobrevivido al Kraken, has sobrevivido a la muerte.

Has sido guerrero entre guerreros.
Has atravesado las altas montañas, has regado con la sangre del enemigo las laderas y has formado cascadas con las lágrimas de los que lo merecían. Te has levantado una y otra vez del campo de batalla. Nunca has dejado que te dobleguen, nunca agachaste la cabeza ante los dioses. Nunca pediste perdón, nunca pediste permiso. Nunca fuiste el esclavo de nadie.

Que se jodan los dioses.
Que se joda el destino.
Que se joda la corriente.
Que se jodan los vientos.
Que se jodan las mareas.
Que se joda el cosmos.

Levántate, hijo de puta.
Nunca nadie debería tumbarse.
Carga con tu escudo,
agarra con fuerza la botella,
nunca aflojes la mano de la espada.
Corre.
Corre hasta que el mundo no pueda darte alcance.
Llega hasta el fin del mundo.
Y sigue corriendo.







Es hora de levar anclas...
pero nunca terminas de hacerlo:
aunque la tormenta destruya todo lo que creaste,
siempre hay alguien a quien salvar de este puerto.

jueves, 1 de agosto de 2013

Cállate.

Camino sin rumbo.
Ni siquiera le pongo voluntad a mis pasos, arrastro mis pies de plomo. Pero no dejo huella sobre el asfalto: el mundo no quiere recordarme.
Me siento en el banco más alejado de la calle, ese del rincón. El del olvido.

Antes de sentarme, coloco bien las cadenas del pantalón: no quiero quedarme enganchado. No quiero encadenarme, como tantas otras veces. Esos momentos en los que vas a levantarte para marcharte y no puedes, porque las cadenas tiran de ti. Esta vez no.

Mis ojos observan todo a su paso, analizan cada movimiento de la calle tras las pantallas oscuras de mis gafas de sol. No sé si mis ojos están cansados, o tristes, o abandonados. Tampoco me importa. Supongo que lo importante es que están abiertos. Y puede ver.

Venga ya... ¿así va a ser todo? ¿Esto es el ciclo?
Una y otra vez, ser el antihéroe patético.
Perder el honor una vez tras otra.
Estoy condenado a ser Yukio Mishima, a que los cortes nunca sean limpios.
A viajar al mundo de los muertos encadenado a la vergüenza.
Es el último réquiem por mis sueños.
Es mi brazo amputado el que habla.
Y dice que no soy bueno, que no soy digno.
Que no valgo nada.

Pero...¿y qué si esto es todo? Vivo, respiro.
No hay barrotes.
Vuelo.
¿Bajo, rozando los edificios y siempre al borde de la muerte?
Quizá.
Pero vuelo.
No necesito brazo, ni siquiera necesito piernas.
Me arrastraré con los dientes si es necesario.


Sé lo que ocurrirá en las próximas horas. Acabo de comprar un billete en primera fila para asistir al lanzamiento de la bomba atómica. El Devorador de Mundos vendrá a mí y se comerá mi sombra lentamente.
Mis cadenas comenzarán a masticarse entre sí, acercándose lentamente a mi corazón. Es cuestión de tiempo que el horror empiece a comerse mis pies. ¿Y correr? ¿Hacia donde? 
No importará. 
Solo podré bucear.
Es la erótica del Doppelgänger.
El morbo de la autoaniquilación inconsciente.

Sabemos lo que es una nórdica.
Sabemos lo que es un tubo catódico.
Sabemos lo que es un proxy.
Sabemos la cantidad de calorías de un alimento.
Sabemos que necesitamos dormir una media de 8 horas para estar activos física y mentalmente.
Sabemos que estamos a 384.400 km de la Luna.

Pero no tenemos ni puta idea de cómo enfrentarnos a nosotros mismos.





Pero tiene que haber una salida a este laberinto.
Tiene que haber una manera de reconstruir este interior.
De reparar esta espalda, destrozada y mutilada tras tantas Águilas de Sangre.
De coser este estómago, tras tantos seppukus.

Tiene que haber luz al final de este túnel.

Rompe los barrotes, James.


Límpiate la sangre, Lobo.

Levántate y sécate las lágrimas, Langdon.

No sueltes las botellas, Zdena.

Sigue caminando, Blackhill.

Suelta la pistola, Adam.

Agarra con fuerza la espada, Wander.

Cállate, Chain.






Respira, Jack.
Respira...y no sueltes el aire.




















"Creo que puedo. Sé que puedo".
Kurt D. Cobain