sábado, 30 de marzo de 2013

Él.

Hoy he vuelto a verle.

He vuelto a ver a ese ser de mirada fría, de aspecto desaliñado y expresión vacía. No he podido evitar cruzar la mirada con él por la mañana. Vuelve a aparecer en mis sueños, vuelve a aparecer en mis pesadillas. Con su maldito guardapolvos oscuros, sus guantes de cuero y sus gafas rojas. Ese hijo de puta me seguirá al mismísimo infierno.

En los momentos más desesperados, dejo que me arrastre. Cuando siento que no puedo cargar con mi propio peso, dejo que él cargue con todo el peso. No para salvarme, no porque confíe en él, no por fe. Solo para que tenga que esforzarse, para hacerle sufrir. Para que me suelte, para que me deje morir de una vez.

A veces sueño con estrangularle desde atrás, lentamente y mientras se muerde la lengua. Otras veces me imagino lanzando una sandwichera enchufada a la corriente, de golpe, a la bañera. Me gusta imaginar mil fomas de matar a ese hombre de mis pesadillas. A esa sombra que nunca deja de acecharme. A ese ser que nunca dejará de ofrecerme la libertad.

Sé que es un buen compañero. Todos los muros que ha levantado me han ayudado a no caer en brazos de sentimientos tan absurdos como el amor. Sé que lo hace por mi bien, sé que nunca me ofrece la pistola si no está seguro de que me va a ayudar con ello. Su guardapolvos cubre del frío y la nieve mejor que ninguna otra cazadora. Cuando me lo presta, me siento completamente aislado del mundo. Sus gafas rojas cambian el color del mundo entero. A través de ese cristal, las cosas se muestran más distantes, más monótonas, monocromas. Simples. Diferentes, pero simples. Sus guantes de cuero eliminan cualquier tacto cálido, asqueroso e incómodo con la carne humana. Cualquier roce, cualquier mínimo contacto, es completamente imperceptible.

Sé que él hace todas esas cosas para ayudarme. Pero a veces me pregunto si soy yo el que le deja ayudarme, o si es él el que gobierna. A veces me pregunto quien ganaría si intentásemos matarnos mutuamente.Me pregunto quien de los dos se enamoraría del otro.

Sé que él también sueña con matarme. Tanto como yo a él. Pero nos necesitamos.

Sé que él sueña con estrangularme desde atrás, lentamente y mientras me muerdo la lengua. Sé que a veces se imagina lanzando una sandwichera enchufada a la corriente, de golpe, a la bañera. Sé que imagina mil formas de matarme.

Sé que incluso ahora piensa en ello.
Ahora, mientras escribe esta entrada.

La bomba.

Yo estaba allí.

Pude ver aquella masa viva y caliente incorporarse lentamente. El brillo me cegaba los ojos. Pude sentir el viento rodeando cada centímetro de mi piel, un aire tan denso que tapaba cada uno de mis poros.

El fuego abrasador inundó mi cuerpo por completo. Pude sentir cada una de las partículas radioactivas que circulaban por la zona, clavándose en mis órganos vitales. Pude notar la sacudida y el estremecimiento de la incomprensión ante lo que estaba pasando en ese momento.


Pude notar como todos los hombres que estaban a mi alrededor en ese momento y contemplaban lo mismo que yo, sentían lo mismo y pensaban lo mismo con tanta fuerza que casi podíamos escucharnos los unos a los otros.


Pude sentir la radiación que aquel fenómeno emanaba de manera repentina y letal, arrasando con las miradas de todos los asistentes al espectáculo.

Aquello era incontrolable, se me escapa de las manos. Apenas podría describir lo que sentí aquel día. Ni siquiera entiendo por qué sigo vivo. Por qué puedo escribir esto y hablar sobre ello, por qué sobreviví a aquel momento.

Y sí. Lo recuerdo con claridad y aún tiemblo al decirlo.

Yo sobreviví a aquel infierno.

Yo vi como ella me besaba, me sonreía, y abandonaba la sala para nunca volver.

Me pregunto cuántas civilizaciones habrá destruido hasta la fecha.

miércoles, 27 de marzo de 2013

"Palabras"


El chico se incorporó lentamente como pudo. No sabía dónde se encontraba, solo sabía que estaba sumido en la más absoluta oscuridad. Palpó las paredes del lugar en el que se encontraba: totalmente lisas, sin adornos, sin ni siquiera grietas. Las sombras se tragaban toda esperanza de encontrar una salida.

Recorrió la sala unas cuantas veces, pero no dio con ninguna puerta. Aquella jaula seguramente sería mucho más pequeña de lo que se imaginaba, pero las tinieblas agrandaban todo dentro de su mente. Tanto el tamaño de la sala como su creciente angustia.

Las luces se encendieron de golpe. La sala era completamente blanca y cuadrangular, con una pequeña rendija en la pared frontal.

-          - Despierta – dijo una penetrante voz a través de lo que parecía un altavoz situado en el techo -. Es la hora.

El chico observó angustiado aquel altavoz. Además de encerrado, vigilado. Su desesperación comenzó a desbordarse.

-          - ¿Quién eres? ¿Qué quieres de mí? – preguntó el muchacho.

-          - Yo hago preguntas. Tú me das respuestas. Te explicaré el juego solo si dejas de gritar y golpear la pared.

El chico se tranquilizó y apoyó la espalda contra la pared, inquieto.

-         - Es muy sencillo. Te mostraré 10 palabras y tú me dirás qué es cada una. ¿De acuerdo? Y recuerda: la última es la más importante para salir de aquí.

-          - De acuerdo – se resignó el rehén, sabiendo que era la única forma de salir de allí.

De la rendija de la pared frontal apareció un papel. El papel tenía escrita la palabra “Macabro”.

-         -  ¿”Macabro”? Esto sí que es “macabro”… Y supongo que quieres que te explique lo que es…

-          - Adelante – dijo la oscura voz del altavoz.

-          - Algo macabro es algo oscuro, retorcido, relacionado con la muerte. Me parece que la palabra más directa para definir algo de ese tipo, la verdad…

La sala se quedó en silencio.

-         -  ¿Eso es todo? – dijo la voz.

-          - Sí, ¿qué más quieres? Me has dicho que te diga lo que es cada cosa, maldita sea…

-         -  El mundo tiene dos caras. No lo olvides. Tu respuesta es incorrecta.

Un montón de ruidos y engranajes comenzaron a retumbar en la sala, que cambiaba ante el horror del muchacho: lentamente, se hacía más pequeña.

El muchacho no comprendió por qué había fallado. Y desde luego comprendió que cada error suponía una sala más diminuta. No quería imaginarse el límite, y gritar no iba a servirle de nada. Otro papel salió de la rendija: “Sol”.

-         -  El “Sol” es el Astro Rey, es aquello que lleva ahí desde que comenzó la humanidad. Ilumina el mundo, siempre ha estado ahí, contemplando, observando la historia del planeta. El ser humano lo ha adorado, lo ha imitado… Es el comienzo de la vida y será la muerte del planeta también… – dijo el chico, inquieto y sudoroso.

-          - El mundo tiene dos caras. La respuesta es incorrecta – dijo el altavoz.

La sala volvió a encoger.

-         -  ¡Venga ya! ¡Por favor, no sé qué coño quieres que responda! – sollozó el muchacho.

Otro papel: “Demonio”.

-          - Contesta – dijo la voz.

-         -  Es la antítesis de Dios, que supone el orden. “Demonio” representa esa parte del hombre que no se puede controlar, las pasiones más bajas y la pura maldad… Además… Joder, no sé más, no sé qué más quieres, ¡no lo sé!

-          - El mundo…

-          - ¡Sí, el mundo tiene dos putas caras, ya lo sé! – se desesperó el muchacho.

-         -  Exacto. Parece que no lo entiendes. La respuesta es incorrecta.

- Una vez más la sala encogió. El chico apenas tenía ya espacio para tumbarse a la larga, y apretó las manos con fuerza en la pared, intentando hacer que retrocediese. Era imposible. Otro papel salió de la rendija: “Mundo”.

-         - Maldita sea… - murmuró el chico, viendo el papel de reojo.

-          - Contesta – dijo la voz.

-          - El “mundo”…. El mundo es el todo. El mundo es nuestro entorno, es la manera que tenemos de aglutinar en una sola palabra todo lo que nos rodea y nos afecta. Es todo lo que tenemos y todo lo que podemos ver. ¿Incorrecto también?

-          - Ese mundo tiene dos caras. Y sí, es incorrecto.

Se convirtió todo en una rutina durante los siguientes minutos: palabra, respuesta, error, encogimiento de la sala. El muchacho intentaba empujar y retroceder aquellas paredes como fuese posible. Pero no servía de nada.

-        -   Corazón”… Ha sido el núcleo central del organismo del hombre para el propio hombre siempre. Es la fuente de vida y de valor, los antiguos guerreros se comían el corazón de sus enemigos para adoptar su valor al entrar en combate. El corazón…

- -          El mundo tiene dos caras. Incorrecto.

-        -  Cristal”… Joder, maldita sea… El cristal es transparente, frágil. Podemos ver a través del cristal, no supone ningún obstáculo ni ninguna complejidad. El cristal es aquello a través de lo cual se puede ver fácilmente… No me jodas que es incorrecto, por favor, no…

-         -  El mundo tiene dos caras. Incorrecto.

-          - Sangre”… Es una palabra con mucha fuerza. Es lo que brota del hombre cuando muere en combate, es curioso el culto que se le ha tenido siempre a esta sustancia… La sangre es vida y muerte al mismo tiempo, es la sustancia corporal más temida a lo largo de la historia del ser humano.

-          - El mundo tiene dos caras. Incorrecto.

-        -   Sonrisa”… Es una buena palabra. No es “felicidad”, pero automáticamente nos sugiere lo mismo… La sonrisa es lo que muestra el hombre cuando todo va bien, la sonrisa es una expresión facial de felicidad…Me gusta, ¡yo que sé qué decirte de la palabra “sonrisa”, coño! ¿Incorrecto también?

-         - El mundo tiene dos caras. Incorrecto.

El chico se retorció para poder caber  en la diminuta sala. Completamente comprimido, estaba acuclillado de mala manera en una sala que se hacía cada vez más pequeña. Comenzó a gritar y a golpear la pared con los puños, sin poder hacer nada mientras la jaula blanquecina de paredes lisas se encogía un poco más. Y mientras tanto, salió otra palabra. “Mentira”.

-         -  ¡”Mentira” es aquello que se dice contra la realidad! ¡La mentira es lo que nunca ha pasado, lo que no existe! ¡Es una ganzúa para entrar en la mente de los hombres, una forma de crear un mundo imaginario en su cabeza, por eso los hombres odian la mentira! ¡Porque es una maldita ilusión! ¡Déjame salir de aquí, por favor! ¡POR FAVOR! – gritó desesperadamente y con los ojos cerrados, esperando que aquella sala terminase por aplastarlo.

La respuesta del altavoz fue la misma de siempre. “El mundo tiene dos caras. Incorrecto”. El muchacho cerró los ojos y lloró en silencio mientras las paredes de la sala se encogían hasta dejarle encajado y sin poder apenas respirar, con las rodillas pegadas al pecho. Apagado, desesperado, vacío y sin expresión facial, dejó caer la mano lentamente para recoger la última palabra.

Libertad”.

-         -  Es una palabra, una maldita palabra… No es más que una palabra… – susurró, llorando desesperado, mientras sus pulmones intentaban capturar el poco aire que les quedaba.

-          - Correcto.– dijo el altavoz.

La sala se abrió un poco más, lo suficiente como para desencajar las rodillas y poder respirar. Se paró a recuperar el aliento y entonces lo comprendió. La maldita frase que lo había estado torturando todo el rato.
“El mundo tiene dos caras”. “El mundo tiene dos caras”. “El mundo tiene dos caras”.

Lentamente dio la vuelta al papel. Allí yacía escrita, “Palabra”.

Le dio la vuelta a todos los demás papeles. Las otras caras de aquellos papeles. En todos ponía lo mismo.

Palabra”.

-          Correcto, pero tarde – continuó el altavoz -. Solo has acertado una, y eso que no he parado de intentar ayudarte... Suerte el año que viene.

El altavoz se apagó. Comenzó a reír. Cada vez más. Una risa neurótica. Jadeante y desesperada. Se rio en su soledad mientras las luces volvían a apagarse y a dejarlo sumido en la oscuridad, encajado y comprimido en aquella diminuta sala llena de papeles.

Y pensó: “Estúpidos humanos”.

domingo, 24 de marzo de 2013

Cobarde.

Tú no sabes lo que es la muerte. Apenas sabes lo que es estar vivo.
Tú no sabes de qué materia están hechas las personas, nunca has dejado que se acerquen lo suficiente a ti. Te has limitado a observarlas a través de un cristal de tu color favorito, te has limitado a analizarlas y a mantenerlas al otro  lado de ese escaparate, distintas y apartadas. Lejos.

¿En qué te convierte eso? ¿En un ser superior? Te convierte en un cobarde. Te convierte en alguien incapaz de asumir que ese cristal puede romperse tan fácilmente com se colocó. Alejar el mundo de ti no te hace más fuerte. Por mucho que sobrevivas.

Mírate y dime por qué has elegido la jaula. No eres más que una sombra que aparece allá donde alguien cae, para amortiguar el golpe. Pero sabes que eres incapaz de asumir el reconocimiento, el triunfo. Aparecer en los fracasos, alejarse de las victorias. Eres un mercenario de los problemas. ¿Es que eso te hace mejor? Te hace un cobarde.

Observas las caras de tu alrededor y ves rostros blanquecinos, iluminados, cálidos, de ojos y fijos y agresivos clavados en tu nuca. Ves largos y delgados dedos que te señalan y te culpan de la nada, del todo, del vacío. Ves abrazos afilados y puntiagudos que prometen atravesarte la espalda al mínimo descuido. Ves ausencias donde aún ni siquiera ha habido despedidas, ves abandono allí donde probablemente nunca lo habrá. Porque, ¿qué va a querer un mundo blanco de un ser como tú, oscuro y frío, apartado del cosmos? Así que dime, ¿en qué te convierte eso? Te convierte en un cobarde.

No importan las actas de redención, los castigos, las penitencias. No importa las vidas que salves, ni las buenas acciones que lleves a cabo. Ni siquiera importa cuantas veces arriesgues tu miserable e insignificante pellejo. Al fin y al cabo, ellos ya están muertos, ellas ya se han ido, y tú sigues aquí. En ninguna parte.

Seguirás siendo una sombra que cambia de rostro y se oculta en el bosque. 
Un cazador de esos demonios que nadie puede ver.
Un cuchillo bajo la almohada.
No serás nada para nadie, aunque seas todo.


¿En qué te convierte eso?

En un héroe.
El héroe de los cobardes.

martes, 5 de marzo de 2013

Cuando el demonio toma las riendas.

- Te estaba esperando - dijo el hombre.

Y mirando a través de unas diabólicas gafas de cristales rojos, me tendió la pistola, que parecía ligera y hermosa sobre la palma de mi mano.

Cargada, lista. Con una sola bala.

- Y ahora... - dijo poniéndome frente al espejo - ... elige.