sábado, 28 de abril de 2012

Suicidio doméstico.

Soy la ventana de tu triste habitación. Transparente. Manoseada. Inmóvil. Ni siquiera te paras a pensar si está ahí. Pero estoy... día tras día, noche tras noche, observando tu vida, observando tus sueños. ¿De qué sirve estar cerrado o abierto? De nada, tú echas la cortina, y echas a volar. Desapareces, no te interesan las ventanas, no te intereso. Solo soy un cristal más, y has demostrado poder mirar a través de todos.

Soy la manta que cubre tu cama. La verdad es que te importa una mierda la manta que sea cuando tienes frío, solo quieres correr hacia la cama y meterte dentro como si fueses una carta de urgencia introduciéndose ella misma en el sobre. No hago preguntas, no tengo dudas, no quiero discusiones. Me limito a cubrirte, a taparte. Con un abrazo, asesinar el frío. Y quedarme inmóvil, protegiéndote de la noche, sin que me des las gracias. Y ser abandonado, sobre la puta cama al amanecer, para ver como marchas desnuda hacia el mundo. Y yo aquí. Arrugado.

Soy tu maltratado cepillo de dientes. Cuántas veces me has introducido en tu boca para limpiar tus problemas. Cuántas veces he abrillantado cada centímetro de tu paladar, de tus dientes, de tu lengua, para que te sintieses mejor, para sentirme importante, para sentirme especial. Por amor. Cuántas veces. El resultado es el de siempre. Quedar tirado al borde del lavabo, sucio y maltratado, y observar tu boca reluciente, lista para recibir cualquier otro beso que no sea el mío. Vender mi alma a la muerte solo para obtener desengaño. Sentirme deshilachado, tonto, enano, maltratado, al borde de un lavabo que ni siquiera quiere sujetarme. Observar como sales del baño y apagas la luz y me dejas ahí. Encerrado. Solo. Empapado. Usado. Y ni siquiera estoy limpio...

Soy tu abrigo. ¿Lo recuerdas? Sí, ese de cuadros negros y rojos, ese que te empezó a apartar del frío en los vientos de Febrero. Es irónico, pensar que ahora lo has apartado tú a él de las lluvias de Abril. Para que no crezca. Soy ese abrigo que por las mañanas coges con fuerza, te abrochas sus botones, su cremallera, te introduces entre sus paredes, sientes el calor y sonríes de camino a la calle, sabiendo que ahí dentro no te pasará nada, que estás a salvo. Pero luego llega la noche, y hay que enseñar carne para ser admitida en las tinieblas. Dejas el abrigo tirado sobre la silla, esperando. Sin saber con quién vendrás esta noche. Sin saber con quién llegarás, con quien tendré que imaginarte en cualquier bar. Con qué sustituto lucharé en mi mente, en vano. Porque ya he perdido.

Soy tu taza. Esa que llenabas hasta el borde cuando necesitabas un buen trago, cuando necesitabas sentarte tranquilamente en el sofá y tener algo caliente entre las manos, en tu boca, en tu garganta, en tu alma. Soy esa taza que te ha acompañado en tus tardes de estudio, en tus noches más solitarias, en tus mañanas más tristes, en tus momentos más duros. Y me has vaciado. Sigo expectante, en el fregadero, pudriéndome, notando como la leche se cuartea en mis paredes, ahogándome en los desechos y esperando que algún día, me laves. Y vuelvas a utilizarme como lo has hecho. Una y otra vez.

Soy esas gafas que a veces no querías ponerte. Ayudándote a ver de lejos, a observar el mundo. Ayudándote a distinguir las cosas en la distancia, para prevenir. Ayudándote a no perderte, ayudándote a no perder el rumbo, ayudándote a llegar a una tierra inexplorada a la que a mí se me ha prohibido el paso. Soy ese cristal que por mucho que te ayude a ver de lejos, dejas tirado sobre la mesa cuando quieres parecer más guapa, más espectacular, para sentirte ardiente y perfecta en un fuego helado, en unos ojos estúpidos, en unas miradas vacías, en un cuerpo ondulado y débil, sin espíritu, sin ímpetu, sin voluntad, sin principio. Con un final, muy temprano, muy breve, pero tú prefieres no pensar en ello. Fue más fácil provocar el mío.

¿Sabes qué tienen en común todas estas cosas? Que se guardan en casa, para cuando hagan falta. Para cuando se necesiten de verdad. Y mientras tanto, está bien fingir que no las necesitas, puesto que no es necesario ir pregonando qué taza usas, qué abrigo sueles llevar, qué cepillo de dientes usas, como es la manta de tu cama, si usas gafas o no. Son cosas que necesitan ser limpiadas antes de irte de casa, ya que la suciedad se incrementa con el tiempo. La ventana termina por coger tanto polvo y suciedad, que ya no puede verse a través de ella, tornándose oscura, confusa, opaca; el abrigo va cogiendo polvo de las noches solitarias tiradas sobre la silla; la manta va cogiendo manchas del amor vacío y despechado de 20 minutos de duración; el cepillo de dientes va adquiriendo una capa blanquecina que recubre su pelo, como si de canas se tratase, y poco a poco su uso empieza a fallar, a disminuir su efectividad, a sentirse aún más sucio; la taza va viendo como la capa de mierda y podredumbre va aumentando en el fregadero, y lentamente empieza a sumergirse y a hundirse en su propia mierda, en su soledad, en su tristeza; y las gafas, poco a poco se irán rayado, perdiendo esa facultad que antes las hacía tan útiles. Solo serán dos cristales ajados, sin ningún uso, sin ningún sueño.

"¿Por qué te he metido este rollo?", te preguntarás. No importa. Tú siempre has sido la que intentaba no pensar, la que intentaba obviar estos datos.

Así que la ventana se ha hecho añicos contra el suelo del patio, para no ver más noches de indiferencia.
La manta se ha asfixiado con tu puta almohada, ahogándose en el olor de tu pelo.
El cepillo de dientes se ha tirado al vater, ahogándose en el agua sucia y turbulenta que ha resultado ser más amable que tú.
El abrigo se ha suicidado ahorcándose de la percha del armario, prefiriendo una muerte rápida a una vida patética.
La taza se ha lanzado contra la pared de la cocina, destrozándose en mil pedazos, viendo que la porcelana no puede aguantar tanto peso, tanta presión sobre su espalda.
Las gafas, sencillamente, se cansaron de mirar, dejando que sus cristales se empañasen y se llenasen de mierda, para no ver su futuro. Y se dejaron caer de la mesa.

Y esta noche llegarás a tu casa.
Y verás los pedazos de cristal.
El cadáver sobre tu cama.
El ahogado en el baño.
El ahorcado en tu armario.
Los pedazos de porcelana sobre tu suelo.
Y tu mirada, muerta en el suelo de la habitación.

Para entonces, habrás entendido que mataste al único ser que te ayudaba sin esperar nada a cambio. Y que te quería.

Mira mi foto.
Seré tu suicidio.

miércoles, 25 de abril de 2012

Oración del odio.

Solo treparía a los árboles,
saltaría por encima de las nubes,
me ahogaría en mi niebla,
para bajar el sol y dar fuego
a cada extremo de esta vida de mierda,
para ver como arde lentamente,
de derecha a izquierda,
hasta que la llama alcance el centro,
mi cetro de perdición y hastío,
mi alma podrida, mi cuerpo,
y acabe con el sufrimiento
de esta memoria funesta.


Solo tragaría océanos,
ríos de barro y estanques de vinagre,
para escupirlos sobre tu rostro deforme
y reírme hasta que mi boca sangre,
tragaría riadas de lava
para ver como mi estómago arde,
para ver como se consumen las memorias
en las paredes de cada órgano
que en algún momento tembló,
por verte, quererte, tocarte.


Solo levantaría la tierra a mordiscos,
me destrozaría los dientes,
rompería mis dedos y despellejaría mi interior,
para volver a ver como mientes,
para ver tus ojos confusos y llenos de lágrimas
observando mi última despedida,
antes de lanzarme por el puente.


Solo reconstruiría mi vida,
para destruirla desde los cimientos.


Solo moriría por recobrarte,
para volver a perderte.

lunes, 23 de abril de 2012

La puta y el loco.

- Siempre me has necesitado - dice, con voz confiada y tranquila.

Es pálida, con una de esas pieles que te hacen pensar en las palabras "nieve", "invierno", "frío" e incluso "lejía". Con las uñas pintadas de negro, apenas le tiemblan las manos. Me mira a los ojos a través del humo del cigarro, como si intentase bucear dentro de mí.

Si alguna vez has estado en la misma sensación, sabrás lo incómodo que es intentar beber un trago de tu lata de cerveza mientras le aguantas la mirada a alguien entre todas las personas que hay en el mismo bar. El jodido olor a humo y a sudor por todas las esquinas, ese sentimiento de bloqueo que te hace observar esos ojos como si fuesen la última entrada al concierto de tu banda favorita, un bocadillo en una isla desierta o un revólver cargado en pleno campo de batalla. La última salvación entre todas las cosas. Y por mucho que la gente se cruce por delante de tu cara, tú mantienes la vista fija, como si al parpadear esa persona fuese a desaparecer.
La única diferencia es que ahora no estoy en un bar, estoy solo. Y no hay nadie más en la habitación.

- Siempre me has necesitado - dice con voz confiada y tranquila.

"¿De veras?", pienso. Me paro a recordar durante unas décimas de segundo todos los momentos que he pasado con ella. Cuando no había nadie más, cuando no había nada más. Cuando la he tocado, la he besado y he follado con ella hasta que no quedasen fuerzas ni de sujetarme los párpados. Han sido momentos geniales, cierto. Pero nunca me había parado a pensar en cuanto la necesitaba. ¿Realmente la necesitaba? Solo somos conscientes de lo que necesitamos, cuando no lo tenemos. Y sin embargo, ahora ella es todo lo que tengo.

- ¿Por qué estás tan segura? - le digo, dando un trago a la asquerosa cerveza que ha perdido todo el gas, por pararme a pensar durante una hora lo que en mi cabeza han sido apenas unas décimas de segundo.

- Porque pase lo que pase, siempre vuelves a mí - me dice.

La muy zorra se cree importante. No hay cosa que más me joda que una mujer que se cree perfecta. O no que se crea perfecta, sino que simplemente se crea irremplazable. "¿Realmente crees que lo eres? ¿Crees de verdad que no puedo salir por esa puerta y dejarte ahí, tirada en la cama, sin ni siquiera mirarte a los ojos al salir?", le digo, en mi mente. Pero mi respuesta es otra.

- A lo mejor es que nunca he tenido nada más.

No sé como tomarme su sonrisa. Ya no sé si se ríe de mí, si esa sonrisa es una forma de delatarse a sí misma con todos los recuerdos que hemos vivido juntos o, simplemente, es una forma de cerrar la conversación. He pasado mucho tiempo con ella, sí. Pero cada vez entiendo menos por qué me aferro a ella.

Se recuesta sobre mi cama, hacia la derecha.
Un dato: las hormigas, cuando están intoxicadas, siempre caen hacia la derecha.
Podría tomármelo como un dato relevante dada mi conversación con esta chica, porque realmente puede que mi comentario haya hecho mella en su subconsciente. Pero después me paro a pensar en lo estúpidos que son los seres humanos, y desecho cualquier teoría. Las personas somos animales racionales. Si nos detenemos un momento a analizar esto, podemos descojonarnos durante una hora entera como si nuestro mejor amigo nos hubiese contado un chiste sobre un mono, una puta gorda y un hombre con tetas. Algo sin sentido, que simplemente, nos hace demostrarnos a nosotros mismos cuán ridículos somos como especie.

Los animales no entienden de moral, se limitan a vivir formando parte de la Naturaleza como tal y no se paran a pensar si el mundo va bien o mal. Viven en él y se esfuerzan en sobrevivir dentro de unas cerradas sociedades que nosotros, los humanos, hemos decidido que funcionan por instinto. Ahora bien, pongamos el ejemplo del tío que ve como su novia zorrea delante de su cara a todos los tíos de un bar, y uno de ellos le come la boca. ¿Solución racional? Marcharse del bar, borrar de tu vida a esa puta que simplemente te hace daño, tomártelo con calma y razonar el hecho de que no puedes sentirte mal porque esa chica se comporte así, sino que debes avanzar en tu vida. ¿Solución instintiva? Arremeter con doscientas manos de hostias contra el tío, gritar a tu novia, y liarla parda dentro del bar.

Un león da de comer a sus crías, no a las crías del vecino. Eso es instinto de supervivencia, lo más parecido al pensamiento racional que he podido ver en mi corta y desastrosa vida. Sin embargo, nosotros nos sentimos mal por un muerto de hambre tirado en la calle, sin ni siquiera conocer su historia o juzgar si se lo merece. ¿Eso nos hace mejores? ¿Dónde está el bien y el mal ahí? En ninguna parte. Eso es lo que los moralistas llaman "empatía".

De esta forma podemos observar como realmente los animales son el espejo de lo que la sociedad humana debería ser, algo más fría y racional. Porque por mucho que sigamos metiendo a los leones en jaulas mientras los gilipollas de Greenpeace se quejen porque hacemos hogueras en la playa, el ser humano es un ser instintivo, pero nunca racional. Aquel hombre que se comporta de forma racional y fría, es tachado de animal.

- ¿Así que nunca has tenido nada más? - repite mi comentario como si fuese un loro.

- Puede que no. De una forma u otra siempre has estado ahí, así que no he podido mirar más allá. Y creo que va siendo hora de que desaparezcas de mi vida definitivamente.

Su cara se torna aún más pálida si cabe.
Un dato: el color blanco, en la gran mayoría de culturas mundiales, simboliza la virginidad y la pureza. No puedo evitar reírme por lo bajo al pensar en ello mientras miro a la zorra que tengo delante. A cuántos habrá atormentado. A cuántos habrá hecho sufrir como a mí. A cuántos habrá humedecido sus ojos por las noches. A cuántos habrá empujado al cinturón atado a la barra de la ducha y al golpe seco del cuello que cae, mientras el aire se escapa de sus encogidos pulmones. A cuántos.

- ¿Sabes lo que estás diciendo? No puedes hacerme esto, siempre he estado ahí.

- Se acabó, cariño... estoy muy harto de tus juegos. No volveré a sentirme mal por tu compañía ni tu ausencia. Se acabó.

Me levanto tranquilamente, dejando la cerveza a un lado. Veo como se incorpora hasta sentarse en la cama, veo como agarra las mantas con fuerza y se cubre el cuerpo desnudo con ellas, con una cara de terror digna de la niña más temerosa y paranoica que podáis imaginar. "Siempre me has necesitado". Sus palabras penetran en mi cerebro como una aguja hipodérmica, inyectando un veneno que difícilmente me podré sacar. A no ser que me comporte como un verdadero animal racional.

Abro el cajón que hay en el mueble de la tele. Y extraigo la Makarov que nunca he utilizado. e trata de un arma pequeña, fácil de guardar, de ocultar. Un arma que nunca nadie sabrá que tienes, hasta el día en que desearán no haber nacido.
Un dato: la Makarov PM fue elegida arma auxiliar del Ejército Soviético por su simplicidad. Pocas piezas desmontables, como una sencilla maqueta de avión. Su precio de fabricación era realmente ridículo y las cosas en la URSS no estaban para derrochar el dinero en soldados que tenían que robar las botas de sus enemigos en combate. En definitiva, un arma simple, práctica y que podías utilizar como comodín en cualquier momento. Un arma perfecta para mi situación, en la que me siento completamente como esa pistola.
Soy un arma.
Soy una pequeña y práctica pistola.
Soy una Makarov PM.
Algo desechable, un arma de segundo plato. Por si todo va mal.

Levanto la pequeña pistola y apunto a la chica a la cabeza.

- No vas a volver a hacerme daño. Nunca más - le digo, sonriendo.

Sus ojos se llenan de lágrimas. Me satisface tener el control.
Aprieto el gatillo y la bala penetra en su frente, atravesando de parte a parte su cabeza y salpicando de sangre la pared que tiene detrás. La chica cae contra el colchón y mi cama se inunda con el interior de su cabeza. Su sangre, sus pensamientos, su paranoia, su enfermiza obsesión, su imagen de mí, se desparraman sobre mi almohada.

Guardo la pistola de nuevo en el cajón, me siento y termino mi cerveza.
Me siento mejor, me he desahogado. Nunca pensé que podría estar así, pero lo estoy. Tranquilo, calmado, sosegado. Me echo hacia atrás, después de dar un trago a la cerveza que, sorprendentemente, me sabe a gloria. Extiendo sin mirar la mano hacia la derecha, hacia donde las hormigas caen intoxicadas, y pulso levemente el botón "Enter" del ordenador.

Dos simples y entrecortadas notas de un asqueroso y chirriante bajo con distorsión empiezan a retumbar en los altavoces, momentos antes de que la batería rompa de golpe y entren las guitarras, junto a una voz ronca e insatisfecha que se estrella contra las paredes del piso.

Y mientras "Ace of Spades", de Motörhead, da vueltas a mi alrededor como un vertiginoso torbellino de salvación y perdición a partes iguales, observo el cadáver de la chica sobre mi cama.
Un dato: su rostro sonreía.

Le devolví la sonrisa. Tristeza había muerto finalmente.
Ya no la necesitaba.

domingo, 22 de abril de 2012

Revólver.

Es sencillo.

No tengo por qué seguir fingiendo que el mundo gira, cuando las telarañas comienzan a cubrir los ejes y las bisagras lentamente. Ni siquiera me interesa hacer creer a la gente de mi alrededor que el tiempo sigue avanzando, cuando puedo ver el moho y el polvo en las manecillas de los relojes.

Todo está quieto, todo se ha detenido por culpa de 5 palabras que rebotan una y otra vez en las paredes de mi cerebro como una pelota abandonada, una de esas pelotas que las estúpidas crías lanzan momentos antes de que su madre les amenace con un castigo, y tengan que salir corriendo como si el suelo se resquebrajase, de vuelta a casa.

No existe la vida. No existe el universo, ni siquiera corre el aire a mi alrededor. He cambiado mi sangre por alcohol para que cure las heridas de mi interior lentamente. Mis músculos bombean petróleo, negro y viscoso, para que todo el dolor que tengo dentro pueda fabricarse una casa con él, e instalarse para siempre en mi interior. Las agujas se alojan en mi estómago, apuntalando cada uno de los recuerdos para evitar que se revuelvan y terminen por hacerme una infinita e incurable úlcera de tristeza en las blandas y cansadas paredes de mi aparato digestivo.

Cuando el mundo se acaba no hay esperanza que valga. El infierno sube a la tierra y se come todo lo que alguna vez fue brillante y único. Al fin y al cabo, nadie dijo que las historias tenían un final feliz. Así que acabemos rápido con esto.

Pon tu revólver en mi frente. Dime todo lo que deberías haberme dicho. Dime todo lo que te gustaría sentir, dime todo lo que nunca me dijiste. Dime quién soy, dame nombre. Hazme sentir vivo un instante antes de fracasar, como en todas las odiseas de mi repugnante y solitaria vida.

Pon tu revólver en mi frente. Y seré yo quien apriete el gatillo, cuando veas que no puedes matarme.

viernes, 20 de abril de 2012

Ayúdame.

Huir.

Saber que estás ahí. Sentir el nudo en la garganta, la bolsa de plástico sobre los ojos. Sentir el humo asqueroso y artificial penetrando lentamente por mis fosas nasales. Ahogarse. Dolor. Asfixia.

Sálvame. Es 20 de abril, no puede estar sucediendo esto. Ayúdame. Vuelve. No me dejes morir, no me dejes solo. Despierta. Vuelve.

Por favor.

Ayúdame a encontrar la salida de este infierno.

miércoles, 18 de abril de 2012

Ser.

"¿Jack? Supongo que en una primera impresión todo el mundo lo definiría como “ese chico raro que siempre viste de negro”. Pues sí, podéis fiaros de vuestro instinto si queréis. Sin embargo, esa rareza de la que habláis no es si no una fuerte personalidad, demasiado aplastante en ciertas ocasiones, que no todos los días acostumbramos a encontrar. Idealista y romántico, algunas veces como si hubiese sido sacado de una novela del XIX. Es tan extrovertido como introvertido. Sociable y reservado. Se puede decir que este chico no tiene pelos en la lengua a la hora de hablar de la verdad. Cree en sí mismo, sí, y en ti también. Jack está ahí. Equilibra las risas y las ganas de llorar, las suyas, las de los demás. Habla y grita tanto como escucha. En fin…Jack es… es Jack."

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"Al principio había quien se sorprendía de que hablara con él, porque a todos les daba miedo, les parecia un "pintas" por vestir de negro, siempre con un cigarro en la boca que le hacía parecer más malo, una maquiavélica persona, alguien que jamás te mira a los ojos y no parece entender lo que es relaccionarse no podía ser una buena compañía.
Analiza todo cuanto está a su alrededor siempre. Sobretodo las mentes. Tiene que controlar y tener todo bajo control siempre para que nada falle. Nunca podrás llegar a engañarle, o no del todo.
Sus cambios de humor son increíbles(sobre todo por su rapidez), es un actor, sumamente irascible y a la vez paciente, es un bárbaro, tiene el más duro de los carácteres que he visto en mi vida, siempre te hará creer que nada le afecta, todo le da asco y nada ni nadie le importa. En realidad, en parte es así.
Pero es leal, es una persona muy leal. Siempre cumple lo que promete. Odia sentir, pero siente, y mucho. Es el mejor amigo y el peor enemigo.
Yo veo en sus ojos que ha sufrido. Que no sabe otra cosa que no sea sufrir, y hasta ha llegado a estar cómodo así. Pero justamente por eso tiene determinación, es impulsivo, jamás se rinde.
Es el capitán de la tripulación".


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"Jack asusta, está lejos, te desafía, nunca sabrás de él más de lo que el quiera que sepas, es de hielo y te quema si te acercas.
Ha amado, sufrido, llorado, reído y odiado como todos; es decir, lo que le ha tocado. Vive detrás de un telón de acero, hay que quemarse con el hielo para llegar a él, pocos saben si las quemaduras merecen la pena".


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"¿Jack? Una mezcla entre personaje de Tim Burton, de El Joker y su tocayo, el capitán Jack Sparrow. No solo aprendió a recibir con la cara a los azotes de los tifones de la vida sino que también aprendió a paliarlos a base de rock and roll. Porque sí, nació con una guitarra bajo el brazo aunque con la púa clavada en un pulmón, la púa de sus desgracias. Introvertido, de miradas esquivas y abrazos imposibles, es capaz de abandonarlo todo por defender las contadas cosas que él en realidad ama y quiere. Es del norte, cabezón como pocos, un luchador... un superviviente suicida.
¿Jack? De las personas más extrañas que he conocido. Un gran capitán, un gran amigo".


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"Una boca con risas sin sonrisas. El último estertor del planeta, corazón tras corazas, yelmos y espadas de fuego reblindadas. Ciudadano superviviente de la mierda en el vacío y una zancada final más, por superar el dolor interminable. Odio y lealtad al máximo nivel se han confundido en un amasijo de carne y huesos, o Jack Torrance sin hacha y con katana, en ocasiones, como arma, sus rasgueos de guitarra. Y bebe a veces solitarios, a veces tequila, y su brújula me dice que razón no había. De cuando en cuando de una peli a un libro de antihéroes, que en él se han convertido".

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Me preguntas quién soy. Me preguntas qué soy. Ahí lo tienes. Las personas nunca son como quieren ser, solo somos trozos de diferentes espejos en los que se refleja la luz de la gente que tenemos alrededor. Ellos deciden, soy parte del juego. Yo no soy nadie.

Podría darte mil razones para enamorarte de mí, y un millón más para odiarme y considerarme tu peor enemigo. Podría pasarte mil fotos, de esas que captan los momentos, de esas que captan la sonrisa, o la cara de tristeza, o los dientes de cólera. Podría mostrarte cada una de mis heridas internas, podría mostrarte mis más oscuros tormentos y mis infiernos más profundos solo para que entiendeses un ápice de mi retorcida personalidad. Pero eso no sería más que desvelarte el final de la película antes de siquiera ponerla en el DVD.

Lo que soy, lo que eres, lo que somos, es el espejo de lo que la gente observa. Nadie puede observarse desde el interior de las cuencas de sus ojos, y los que creen poder hacerlo, tienen las cuencas más vacías e inmundas de todas.

¿Qué soy? Retazos de un fantasma que ha perdido sus cadenas. Incesto de un hombre con su sombra. Tortura de la mente sobre el corazón, que lo retuerce y lo hace reventar a cada segundo de paz. Remordimientos de un pájaro que no sabe volver a su jaula. Sentimientos clavados con una aguja a una hoja de papel, como una mariposa muerta en el cuaderno del biológo. Pensamientos quebradizos como las ruinas de la civilización más triste. Espada rota por un beso en su hoja. Armadura oxidada y resquebrajada a base de caricias. Dolor, intenso, que emerge de cada uno de mis poros.

Pero no hablo yo, hablan mis heridas. Mis noches mal dormidas, mis sueños rotos. Mis confesiones a medias, mis mentiras bien recibidas.

Lo que ves en este texto, es lo que soy y lo que nunca he sido. Lo que soy, y lo que seré. O puede que lo que nunca seré. O lo que no podría haber sido, de haber sido. O incluso, todo lo que he sido sin ser. Y todo lo que no soy, por haber intentado ser.

No pretendo que lo entiendas.

Pretendo que dejes de "ser" de una puta vez.

Y empieces a ser de verdad.

martes, 17 de abril de 2012

17.

Algún día, te mirarás al espejo.

Y me buscarás detrás de ti.

viernes, 13 de abril de 2012

Ambos.

Largas. Coloridas. Siempre van juntas.

Apenas las mueve el viento por su peso, porque aunque desde fuera parecen vacías, están llenas de vida.

Un montón de adornos que solo decoran una inevitable belleza extraña y original. Colores. Cintas de colores. Atracción animal.

Extremos anillados, entrelazados. Si no las sujetas con fuerza, salen despedidas. Pero giran. Con fuerza, giran. Dibujan formas, sueños, ilusiones. Vidas.

Paralelas, una junto a la otra. Pero cada una con su movimiento. Y sus siletas... cortando el aire con cada sentimiento.

Los colores se entrelazan. A un lado y a otro. Deforman la realidad, crean su propio universo. Los rayos de sol luchan por rozarlas, pero ambas escapan. Desaparecen del escenario velozmente, y se reúnen en la mano de su dueño, dos manos. Mil sueños.

Y cuando cae la noche, despiden destellos. Ellas no lo entienden, no lo entenderían nunca. No entienden de huecos, de agujeros en el espacio. No entienden de letras, de poesía. No entienden de energía, no entienden de reflejos. Entienden de vida. Entienden de sueños. Entienden de como seguir vivas a pesar de estar muertas por dentro.

Entienden de la soledad acompañada de una hermana que está al otro lado, cerca, pero tan lejos...

Entienden de la amistad imposible de la compañera que no sabe justificar un exceso. Entienden del alma. Entienden del fuego, del que brota en su pecho cuando ven a su gemela bailar contra el viento.

Solo son cuerdas, pelotas. Solo son malabares. Solo son cariocas.

Vida.

Vivo en un infierno llamado vida.

A veces me hunde.

A veces me anima.

Pero lo único que me ha enseñado,
es que siempre que consigues tocar su cielo,
está ahí el suelo,
esperándote con una sonrisa.

Dream on.

- Cuéntame algo, lo que sea, o acabaré suicidándome...

- No me pongas en esa situación...

- Pff, es que me aburro mucho...

- No sé, estoy esperando a que empiece a hacer un tiempo poco mejor, porque me deprime que llueva...

- Hace sol.

- Ahora. Y voy a ver si aprendo algo nuevo con las cariocas...

- ¿Cariocas? ¿Qué coño es eso?

- Malabares. Y eso es lo único interesante y no deprimente de mi vida.

- Espera... ¿te gusta todo eso?

- Sí, pero solo hago cariocas.

- A mí siempre me ha gustado todo lo que tenga que ver con el circo, desde pequeño. Supongo que porque toda esa gente está mal de la cabeza y yo también...

- Es que la gente del circo... tiene que molar y mucho.

- Yo con tal de hacer lo que me gusta, no tener casa, viajar por el mundo con otras personas y hacer disfrutar a la gente... supongo que por eso me gusta la música.

- Yo ya lo tengo pensado... un verano, y carretera por ahi sin gran cosa...

- ...una caravana de esas...

- ...hacer malabares o alguna cosa de estas para ganar para comer y gasolina, y seguir...

- ...cásate conmigo.

jueves, 12 de abril de 2012

Regreso.

- Hey, ¿ya te has enterado de lo último de Jack?

- Sí... parece que nunca le va bien nada a este cabrón.

- Para una vez que hace las cosas bien...

- ¿Cómo ha sido exactamente?

- Ya sabes... lo mismo que pasó hace dos años. Paranoia, vueltas al tarro, demasiados pensamientos en la cabeza, remordimientos, agobio... y demás. Solo que por parte de la chica.

- Joder. Que manía de revolverlo todo cuando las cosas van bien.

- Hombre, qué quieres que te diga. Yo la entiendo.

- ¿Qué quieres decir?

- A ver... para empezar, no sé si te habrás fijado bien en él. Es un pringado, no va a aspirar nunca a los tíos que ella puede conseguir.

- ¿Y de qué le sirve conseguir otros, si ya tiene un imbécil que hace cualquier cosa por ella? ¿Te recuerdo la conversación que tuvimos con él? Mañana esa chica necesita un pulmón, y Jack le da los dos, es así de estúpido.

- Ya, ya lo sé. Pero si la chica nunca ha tenido esa libertad, él no es nadie para negársela, ¿no crees?

- Él no se la ha negado. Simplemente ha intentado que no se haga daño...

- Está en su derecho de equivocarse como lo hizo él.

- Sí, eso sí. Pero él tiene miedo de que ella se pierda por el camino. Ya sabemos que es muy cabezona y es incapaz de dar marcha atrás. Además cuando se trata de él, tiene la estúpida manía de pensar que es un egoísta y que piensa las cosas en su beneficio. Dan ganas de darle tres bofetadas y gritarle en la cara: "¡Estúpida, que lo hace por ti!"

- Eso también es verdad. Pero bueno, a lo mejor simplemente quiere conocer mundo, desahogarse y liberarse... El problema es que esa sensación de encarcelamiento no la ha provocado él, sino un cúmulo de cosas. Los estudios, la distancia, la gente... Pero tiene la manía de enfocarlo en lo mismo.

- Sí, supongo. De cualquier forma lo mejor que puede hacer este idiota es mandarla a la mierda. No le merece.

- ¿Qué quieres decir?

- Que le den por el culo, ¿qué pierde?

- Él está enamorado de ella.

- Lo que tú digas. ¿Jack enamorado? Ha estado tres años embobado, a lo mejor ahora vuelve a ser él mismo.

- Esa chica le ha cambiado mucho, y él siempre dice que para bien...

- Sí, a lo mejor ahora no vuelve a ser como era. No sé, me da miedo pensarlo. Pero sigo pensando que debería mandar a la mierda a esa chica.

- Yo creo que debería esperarla o seguir intentándolo.

- Que pase de ella, que viva la vida. ¿No quiere libertad? Pues él también, joder.

- Él no quiere esa libertad.

- Pero eso no supone que no la tenga, ¿no? Vamos, ni que esa tía fuese especial o algo, solo es una tía más. Otra zorra.

- Él la considera importante, asúmelo. Está enamorado.

- Me cuesta creer que alguien como él pueda llegar siquiera a sentir algo así por alguien.

- Ya, pues vete asumiéndolo, porque...

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Sonaron dos fuertes disparos en la sala. Los dos hablantes cayeron al suelo, desplomados sobre un charco de sangre, con las cabezas abiertas. Una figura negra salió de entre la bruma y tiró las dos pistolas al suelo, sin dirigir la mirada a los cadáveres.

Tras unos cuantos pasos, subió las escaleras que conducían a un gran asiento negro, ornamentado con puas y cráneos. Se giró, se sentó lentamente, y cruzó una pierna.

Jack Shady había vuelto a su mundo.

miércoles, 11 de abril de 2012

Amanecer.

Vuelvo a observar el amanecer estrellado, el anochecer que muere. Vuelvo a observar el cielo volverse azul, tras una oscuridad que aprisiona. Vuelvo a quedarme hasta que salga el sol, esperando algo que no sé cuando llegará. Algo que ni siquiera sé lo que es.

Observo las migas de pan, desapareciendo tras de mí. Veo como el viento se lo lleva todo, poco a poco, alejando de mí mis propios cimientos.

A veces echo una ojeada al cielo y las nubes se abren un poco. Es cuando creo que van a aparecer tus ojos, los de siempre, los que nunca se fueron. Es cuando creo que vas a guiñarme uno y a invitarme a llenar tu soledad. Pero no. Aparece la mano de un Dios colérico y sádico que aplasta todo a mi alrededor. Pero tranquila, a mi no me roza ni un pelo. A mi me deja ahí, entre los escombros. Entre mis ruinas.

Vuelvo a ser uno de esos poetas fracasados de baldosa fría y pies descalzos. De los que observan la luz de la lámpara por la noche porque no pueden mirar el sol sin quemarse las retinas. De los que apartan el olor a soledad a manotazos, cuando en realidad intentan abofetear el destino. Soy de esos que sentados sobre sus sábanas negras, dejan que las tinieblas les envuelvan para así no ver nada, para así estar solos. Más solos aún si es posible.

Y los relojes se han detenido solo para burlarse de mí. Las páginas del calendario, se han podrido solo para joderme. Y el techo avanza hacia mí, a carcajadas, cuando me tumbo en el suelo para que me trague la tierra.

Pero la luz entra por la ventana. Y los rayos de sol, lentamente, resbalan traviesos entre los huecos de mis persianas, deslizándose por los azulejos de mi casa e intentando acariciarme. Pero, ¿sabes? No me apetece mirar a través del cristal. No me interesan las aceras, las farolas, las desventuras, el humo de los coches, el agua de los charcos. No me interesan en absoluto. Asesinaste mi curiosidad solo para que tus caprichos forzasen la cerradura.

Y ahora estoy aquí, encerrado y solo. No tengo por qué odiarme, no tengo por qué odiarte. No tengo por qué sentir nada, porque siempre fui una piedra, siempre fui una roca negra y afilada. Y aquí seguiré cual roca, aguantando las olas y el frío, el viento, la nieve, la escarcha. Y tus patadas.

¿Por qué? No lo sé. Quizá la respuesta sean esas dos malditas palabras que se me incrustaron en la columna y que ahora no me dejan moverme. Quizá sea ese sentimiento gangrénico e infecto que ha hecho de mi un ser adicto y dependiente. Quizá sea ese "quizá". Quizá sea ese "ojalá".

Quizá sean todas cosas, que nunca conseguiré olvidar.

domingo, 8 de abril de 2012

Palabras de ron.

"No eres nadie si no respiras por mis poros.
El dolor no existirá hasta que no cruces el horizonte, hasta que no recuerdes el sentimiento sin nombre, hasta que no comprendas el sufrimiento del vagabundo que se pierde en tus calles.

No existirá hasta que no entiendas que en el mundo al que me has arrojado, tu única labor es la de arrastrarme lejos mientras los cristales de las memorias se clavan en mi barriga, llevarme lejos de nuevo a través de las brasas, llevarme a tu cama, darme el último beso de buenas noches y dejarme morir en paz, antes de observar tu felicidad a través de una vitrina. Como un falso sueño disecado y puesto al trasluz para que la gente contemple su modelo a seguir. Como si fuese real. Como un mal anuncio, como un cartel publicitario en lo más profundo del desierto. Llévame lejos y dame ese último beso con sabor a sangre, déjame probar tu vida una vez más. Antes de agonizar, antes de observar el tormento. Antes de observar como deseas ser la más puta entre las putas sin serlo. La más mala entre las malas sin serlo. La más cruel de todos mis enemigos.

Piérdete. Te llevaste la brújula contigo. Me diste una defectuosa para que torciese el camino, rompiste el timón de mi barco y me dejaste a merced de las sirenas, para disfrutar de los marineros. Mis velas están rotas, rasgadas y podridas. La madera de mi nave, ajada y desecha. El ancla cada vez pesa más, mis brazos cada vez menos. Siento como el agua infecta y cenagosa penetra entre los tablones, siento como todo se inunda y no hay escapatoria posible. Me encerraste en la bodega y te tragaste la llave. Y aquí sigo, intentando siquiera tocarte a través de los barrotes, para llevarme un pedazo de tu alma.

Y hasta que no vuelvas no podré encontrarme. Porque hasta entonces, no podré encontrarte. No sabré quien eres, abriré los ojos y habré vivido un sueño.

Y entonces te darás cuenta. Nunca es demasiado tarde.

Pero la perdición no tiene retorno."

sábado, 7 de abril de 2012

Ruinas.

Ahí tienes la puta puerta. Esa que cruzabas por la mañana, tras una noche de saliva y sudor entre mis sábanas. Esa que cruzabas por la noche, con una gran sonrisa en la cara, sabiendo que ese día serías especial para alguien, serías perfecta. Serías única. Única entre todas las putas de tu alrededor, aunque ahora quieras unirte a su gremio. Serías única.

Ahora encontrarás una puerta rota. Encontrarás un salón derruido, con el techo hecho pedazos, inundado. Encontrarás mil enredaderas cubriendo las paredes sobre las que nos besábamos y nos abrazábamos como dos moribundos de mierda en la cama de un hospital. Encontrarás el suelo encharcado, empapando las jodidas alfombras sobre las que nos revolcábamos como animales, robándonos sentimientos a mordiscos, dibujando ilusiones con la lengua en la boca del otro.

Caminarás chapoteando en el agua sucia y turbia que se ha filtrado por el hueco que has dejado en mi. Encontrarás nuestras fotos en las paredes del pasillo, torcidas, mal puestas, pendientes de un hilo. Pintarrajeadas. Con los marcos podridos. Con los cristales llenos de polvo, quebrados. Podrás ver los pedazos de los años rotos, flotando en la mierda. Podrás escuchar el lejano gemir, el apagado susurro del amor perdido entre las grietas de mi hogar destrozado.

Llegarás a mi habitación. Sí, la misma en la que el alba acariciaba tu espalda a través de las persianas. La misma en la que te observabas desnuda en el espejo, y me mirabas de reojo, mientras yo fingía que no me importaba. Verás un montón de escombros. Verás trozos de sueños, verás pedazos de ilusiones que se retuercen sobre mi cama. La misma cama en la que follábamos como si no hubiese un mañana. Verás mis sábanas, nuestras sábanas, llenas de sangre, por todas las noches que he intentado arrancarme del pecho tu recuerdo, a navajazos frente al espejo. Odiándome lentamente, disfrutando de cada segundo de agonía en tu honor, y odiándome. Créeme. Odio tener estos sentimientos.

Y allí, en mi armario, verás un enorme cubo de hielo rectangular. Un bloque de hielo inmenso con un trono en su interior. Verás el gran trono negro, lleno de pinchos, de clavos, de metralla, de sangre, de huesos, de óxido, de muerte. Y me verás en él. Porque habré vuelto a mi reino, habré vuelto al exilio. Habré vuelto a la dictadura de sentimientos que ha regido siempre mi vida. Y desde allí, te tenderé la mano y te invitaré a entrar a mi juego, con mis reglas. Porque no habrá salvación para ti, si escoges la perdición.

Esto es lo que verás si entras.

Esto es lo que verás si vuelves a entrar en mi corazón.

viernes, 6 de abril de 2012

Oración enferma.

Háblame del querer.
Háblame de aquellas almas que consiguen resolver la ecuación,
que no se rinden ante las pedradas de un Dios,
enloquecido y drogado,
que pretende forzar el tiempo para reír a carcajadas en nuestro honor.

Háblame de tus vidas.
No, no solo de una, no me interesa la que te pones a diario,
me interesa la de los días de fiesta,
la de los días de calvario, de lágrimas,
la de los días de olvidarte de todo cuanto hemos sido,
la de los días de morir,
a pierna suelta.

Miro al suelo cuando rezo,
porque no creo que las alturas me ayuden.
Nunca fui un hombre correcto,
no soy bien recibido allá donde irás tú,
ese supuesto cielo,
del que caerás con todas tus estrellas,
masticarás el polvo del suelo,
y comprenderás mi empeño en continuar nuestra senda.

En seguir adelante,
en espantar a los demonios que te acechen en los estanques,
que amenazan con robarte la lengua,
para que nunca vuelva a probar su sabor.
En ahuyentar a los gigantes que tapan el sol,
que derraman su sombra sobre tus ojos.
Escojo luchar contra todos,
no quedará vida entre los rastrojos.
Soy dueño de mis fuerzas,
como también de mis despojos.

Y no comprendes que no quiero nada.
Que tu sincera sonrisa es mi único alimento,
algo que saborear cada mañana,
cuando despierte el alba
y las penas se las lleve el viento.
No comprendes que yo soy el que he elegido mi tumba,
de entre todos los hoyos abiertos,
escogí el más grande.
Para esperarte,
con oídos atentos.
Para esperarte.

Que toda almohada sea tu pelo,
que como enredadera venenosa se abrace con furia a mi cuello.
Que no queden días a medias,
de lenguas cansadas y secas.
Que no queden manos dudosas,
que no saben aterrizar en mi cuerpo.
Que no quede vida en tu campo de miedo.
Que no queden sueños sin cumplir.
Que no quede hielo.

Que cuando no queden baldosas,
terminaré el camino con mis huesos.
Y si estás cansada, desganada,
cargaré los tuyos sobre mis hombros,
que ya están acostumbrados a cargar con el peso
de los escombros de mis tristes sueños.

Y no hables, calla...
Déjalo. Que ahí fuera sigue lloviendo.
Que yo me quedo aquí, en tu corazón.
Donde no llueve, ni nieva,
ni duele.
Solo sangra manantiales
de besos y grandes recuerdos.

Me acostumbré a mi ruina podrida.
Me acostumbré a las moscas que se posan sobre mi vida.
Me acostumbré a mi infierno.

Me acostumbraré a tu espina,
me acostumbraré a tus dudas.
Me acostumbraré a tu bruma.
Pero no a tu invierno.

Que ladren los perros mis penas,
mis cuentos de mierda, mis nanas de fracaso.
Que canten los cuervos mis sueños.
Que los grillos te canten mi dolor...no habrá diferencia conmigo.
Porque nadie les hace caso.