martes, 11 de noviembre de 2014

lunes, 3 de noviembre de 2014

Tu sonido.

Me preguntas si te creo cuando me hablas.

Tu boca es mi biblia.

No entiendo una sola palabra de lo que dices, pero tengo fe en su sonido. No entiendo ni comprendo lo que me llamas, lo que dices de mi. Para mi todo eso es simplemente una canción que intenta alcanzar mis oídos. Pero yo estoy tan abajo... tan anclado al fondo del océano...

Tu boca es mi biblia.

No entiendo una sola palabra, no comprendo por qué estás tan segura cuando dices lo que dices. No entiendo nada. Pero me abrazo a tus palabras como si fuesen el único libro en el Infierno.

Porque te tengo, no lo estoy.
Porque amo, no lo estoy.

No rest for the wicked.

Luz. Un sólido rayo de sol que cae desde el infinito, con la furia de un dios, y aterriza con suavidad sobre la hierba. Ligero. Perfecto.

Apenas me atrevo a pasar la mano a través de esa luz. Siento como si mi sola presencia estuviese contaminando aquel lugar. Aquel valle de hierba, verde como la vida. Doy un par de pasos al frente y noto el peso en mis pies. Esas botas de hierro, cubiertas de cadenas y óxido.

Al descalzarme, siento en las plantas de los pies el húmedo tacto de lo que nunca tuve. ¿He estado ciego todo este tiempo o nunca encontré la caja de los fusibles?

Recuerdo el vapor, la madera quemada y la peste a pólvora. Recuerdo el hierro y las carcajadas. La Era de la Máquina. Recuerdo esa vida, pero no recuerdo mi muerte. ¿Qué hicieron con mi cuerpo? ¿Quien se quedó mi rostro? No hice testamento. Joder, ni siquiera hice penitencia.

¿Qué es este lugar? Un enorme valle verde, un cielo azul como la nostalgia. Un mar de nubes que se desplaza lentamente, con la brisa de la mañana. Silencio. Paz. ¿Qué es este lugar? ¿El infierno? He oído acerca de demonios que te muestran el Paraíso en los espejos, para apuñalarte mientras sonríes. 

¿Qué coño es este lugar? ¿Dónde está el alambre y la sangre? ¿Dónde está el dolor? No tengo heridas, ni cicatrices, no recuerdo el sabor de una lágrima. ¿Qué es este lugar?

Me siento sobre el pasto, y contemplo el cielo. Siento el sol, calentando mi cara, y siento la brisa, refrescando ese calor. Siento la perfección en cada uno de mis poros.

Un lobo aúlla a lo lejos, en una montaña que se recorta contra el horizonte. En ese lugar, como si de un cuadro colgado sobre el cielo se tratase, cae con fuerza la tormenta. Caen los rayos y suenan los martillos de los dioses, furiosos.

Estoy lejos de ese lugar, estoy a salvo. En esta pradera, en este lugar tan vivo. Pero no paro de escuchar ese aullido. Una y otra vez.

Me pongo las botas de nuevo y echo un último vistazo al valle. Una amarga carcajada trepa por mi garganta, y trago lo suficientemente fuerte como para evitarla. Debí haberlo imaginado, pero siempre caigo en las mismas estupideces.

Tengo que subir la Montaña.

No puedo dejarle allí.



No puedo dejarme allí.