viernes, 22 de junio de 2012

Jack Shady.

Te contaré esta historia.

La historia de un crío bobalicón e inocente, demasiado curioso, con una autoestima tan baja como los párpados de los muertos. Un niño imaginativo, sonriente y "feliz". Un chaval que quería, deseaba, anhelaba tener amigos, un grupo de amigos en el que integrarse y hacerse invisible, ser invencible. Lo cual le hacía confiar a ciegas en toda persona que se cruzase en su camino.

Entonces llegaron las decepciones, los golpes, las mentiras, las traiciones, la sucia verdad.

El crío bobalicón e inocente se volvió un chico serio. A veces sarcástico, a veces frío. Marginado y solitario, no confiaba demasiado en las personas, no de buenas a primeras. Por las noches, se fabricó una coraza. Un esqueleto externo, una forma de resistir los golpes de la gente. Los juegos de lógica y la música se convirtieron en sus extremidades. Ellas no pedían explicaciones, ellas no pedían ayuda, ellas no pedían pruebas de confianza ni de amistad. Ellas no hacían daño.

Entonces llegó la confianza, el amor, la pasión, la sonrisa, el querer, la cama deshecha, las manos entrelazadas.

El chico serio comprendió la naturaleza de los sentimientos. Encontró a la persona con la que quería compartir el resto de su vida. Y sonrió al horizonte.

Entonces llegaron las dudas, los miedos, las inseguridades. Pero supo afrontarlas. Luchó, y venció.

El chico serio cada vez era más fuerte, más lleno de vida, más feliz. Trepó con su compañera a lo alto de la gran colina, se hizo grande, alto y brillante como el Sol, conquistó el mundo. Y una vez arriba, se dejó llevar.

Cuando se dio cuenta, rodaba colina abajo mientras su compañera se reía a carcajadas desde la cresta, como una Luna partida en dos por un rayo de tormenta. El chico rodó, perdió su coraza. Se destrozó. Aulló hacia el infierno.

Allí, entre las sombras, la ceniza y las llamas, surgió un monstruo. La vieja coraza destruida, ardía en el fuego negro. Las viejas piezas se multiplicaron, se amontonaron, se reforzaron y adquirieron viva propia. La nueva maquinaria alrededor del chico cobró vida y trepó entre las llamas. La máquina misántropa,  autodestructiva, misógina, calculadora, fría, y vengativa, resurgió de entre las cenizas del infierno.

Así nació la bestia. Y la historia comienza aquí.

Como todos los antihéroes, su pasado es triste, su futuro es trágico.

Así que no lo dudes. Cuando el tiempo pase, cuando la sangre ya haya corrido lo suficiente y la carne se haya secado, cuando estés lista, cuando estés preparada...

...te contaré esta historia.

domingo, 17 de junio de 2012

Pesadilla.

"Estoy en una sala extraña. Completamente blanca, con mesas y ordenadores dispuestos en círculo alrededor de otra mesa con otro ordenador, que hace de núcleo de la estructura. Estoy sentado junto a Nana. La pantalla del ordenador muestra dos ventanas: una sesión de Powerpoint a medias y una búsqueda de google que dice "Hascaraft". He visto esa palabra antes. Ya he soñado con eso antes. Pero no logro entender qué es.


Nana busca a toda velocidad en el ordenador y no para de trabajar. El "profesor" o " jefe" o quien sea que está en el centro de la sala, de pie, dando explicaciones, empieza a hacer ciertas preguntas que yo no alcanzo a comprender. No le oigo, por mucho que se esfuerce no oigo nada. Solo oigo a Nana hablar de lo ilusionada que está de tenerme en clase. Pero nada más.


Me levanto y me voy de la sala, se supone que ya es la hora. Y sin embargo todos se quedan callados y quietos como tumbas cuando me levanto, y me siguen con una mirada inquisitoria cuando salgo por la puerta. Nana también me mira así.


Sigo por el pasillo hasta llegar a la puerta de salida. Es curioso, este pasillo es el de mi viejo instituto.


Abro la puerta y aparezco en un bosque. ¿Qué demonios hace un  bosque aquí? Da igual, no tengo tiempo para esto. Llego tarde, no voy a llegar al bus de vuelta a casa. Lo consigo por los pelos y me siento al fondo. No quiero hablar ni ver a nadie. Es posible, a pesar de que el bus está lleno de gente. Chavales, adolescentes, adultos. Todos están hablando entre ellos o jugando a consolas, escuchando música, etc. 
De pronto se va la luz del autobús durante unos segundos, y vuelve. 
Curioso. 
Todos los pasajeros ahora son ancianos. 
Pero se han quedado completamente estáticos en sus sitios, no hacen nada. Empiezo a ponerme nervioso con todo esto. De pronto vuelve a irse la luz. Y deseo con fuerza que nunca vuelva. 
Pero vuelve.


Los pasajeros, ancianos, se erigen sombríos hacia mí. Sus ojos solo son cuencas vacías, sus extremidades largas y delgadas, extendidas hacia mí. Sus mandíbulas inferiores bajan mucho más de lo normal mientras revelan una lengua negra y pútrida. Y lentamente se van acercando a mi por encima de los asientos. Trato de mantener la calma, y en cuanto el autobús se detiene me bajo.


Estoy en mi casa. Un momento, ¿estoy en mi casa? Esto es la casa de mis abuelos. Reconozco el portal.

Subo las escaleras y una mano me agarra y me mete de lleno en un baño. Es Targ. Apenas hablamos nada, ella no dice absolutamente nada porque sus dos ojos verdes me lo están diciendo todo lentamente para que lo saboree. 

Se acerca y me besa sin dejar de mirarme a los ojos. 
La agarro con fuerza por detrás y me dejo llevar. 
Me dejo llevar por ella.
Noto su mano entrando en mi pantalón, noto su lengua dibujando con saliva sobre mi cuello.
Noto su pelo, su olor.
Se arrodilla. Pero de pronto, desaparece.


A los pocos segundos estoy en el salón de la casa de mis abuelos, con mi tío Jean. 
Me pregunta qué tal va todo, qué tal me va en la Universidad. 
Le digo que bien.
Me dice que Nil, Hec y los demás ya han empezado. ¿De qué coño me está hablando?
Me dice que vaya por el desván. 
"¿Desde cuando hay un desván en esta casa?", le digo.
Se ríe. Pero no me contesta.


Va al pasillo y tira de una madera que hay en el techo. Una viga sale hacia el suelo y sirve de pequeña rampa para acceder al desván. No me lo pienso dos veces y entro.


El desván es un largo pasillo oscuro, sin luz, con puertas abiertas a los lados. ¿Se supone que esto está sobre el pasillo de la casa de mis abuelos?


Camino a oscuras. Mi tío Jean cierra la tapa detrás de mí y me dice que me dé prisa, que la clase ya ha empezado. No sé de qué coño habla, solo sé que tengo que llegar a tiempo. Que si no, Ella me cogerá. 


Camino a oscuras.
Echo un vistazo a la puerta de la derecha. Solo es una sala vacía, completamente vacía.


Echo un vistazo a la puerta de la izquierda. Parece la trastienda de una carnicería, con todos esos trozos de carne colgados y la sangre por las paredes.


Echo un vistazo a la siguiente puerta. Hay una persona de pie. Me fijo bien y hay otra arrodillada. ¿Qué hacen dos personas haciéndose una felación en mi desván? Mejor no preguntar.


Echo un vistazo a la siguiente puerta. Un perro colgado de un gancho.


Echo un vistazo a la siguiente puerta. Shea. ¿Qué hace Shea aquí?


Me dice que nos tenemos que dar prisa. Que vaya delante, que ella no sabe dónde es el sitio. Vuelvo a ir delante. Tengo prisa. Si no llego a tiempo, Ella me cogerá. De nuevo.


Echo un vistazo a la siguiente puerta. Un chico, de pie, que me señala. Es Remtor. Tiene los ojos en blanco, el dedo huesudo y alargado. Pero es Remtor. Y me señala.


Echo un vistazo a la siguiente puerta. Una cortina de ducha cae desde el techo, y puedo advertir una sombra en su interior, al trasluz. Me acerco para comprobar quién es. Pero Shea no me lo permite. Me grita, me dice que nos vayamos, que no se me ocurra quitar la cortina. Me alejo. Nunca sabré quién yacía bajo la cortina.


Llegamos a una habitación con una sola estantería llena de libros. Shea la aparta lentamente y descubre una trampilla en la pared por la que entrar a una habitación iluminada. Entramos.


Se trata de la misma sala blanca en la que me encontraba con Nana. Nil, Hec y Luke están atentos a la lección que está dando el tipo en el centro. La clase ha comenzado. He llegado a tiempo. Ella ya no podrá cogerme.


Sigo a Shea, en dirección a una mesa junto a la pared, para sentarnos. Por fin. Respiro hondo. Estoy relajado. He llegado a tiempo.


O no.


Siento frío. Mucho frío en la sala. Escucho un ruido por la derecha. No, no puede ser.
No puede ser.
He llegado a tiempo.
Ella no tiene que estar aquí.


Arrastrándose por el suelo, con un vestido blanco ensangrentado, aparece Ella por debajo de una estantería. Se arrastra de forma grotesca. Los brazos doblado, empujándose con la palma de las manos sobre el suelo, y las piernas muertas, como un lastre. Se arrastra hacia mí con la melena clara barriendo el suelo. Ella sigue arrastrándose, con el rostro vuelto hacia el suelo.


Me levanto y grito. Solo Nil me escucha, me pregunta qué pasa. Le digo que está ahí, que Ella está ahí. Y me horrorizo. Él no puede verla. No hay nadie ahí, excepto para mí.


Ella, la Dama Ensangrentada, sigue arrastrándose. Pasa entre las piernas de Nil, sigue arrastrándose hacia mi. Me acorrala contra una pared.


La gente no entiende nada, ellos no pueden verla. Pero yo si.

Ella se levanta, como levitando, y me muestra el rostro.



La sangre brota de sus ojos y perfila su cara, difuminando el rímel negro. Su pálida piel ensangrentada brilla con la luz. Me mira fijamente, con esa expresión melancólica que tanto le caracteriza ahora.


Y comienza a caminar hacia mí. Lentamente.


No tengo escapatoria.


Ella me ha atrapado de nuevo".

martes, 5 de junio de 2012

A lo mejor.

No me juzgues.

A lo mejor no soy quien quieres que sea. 
A lo mejor no soy quien debería ser. 
A lo mejor no soy nadie ni nada para ti.

Lo único que cuando sales del pozo, el cielo se vuelve más azul que nunca. Y yo nunca he sabido asumir la belleza del mundo. Llevo demasiado tiempo aislado. Llevo demasiado tiempo asfixiándome. Atragantándome con mis propias palabras. He llegado a notar como trepan por las paredes de mi garganta. Cómo las más fuertes, armadas con odio y asco, envían al estómago el silencio y matan a las más débiles. 
A las más blandas. 
A las más profundas. 
A las más sinceras.

He salido del pozo. He vuelto a observar el cielo. Y es azul. 

¿Sabes cuál ha sido mi primera decisión? 
Apuñalarlo.
Sentir como el cielo se desangra sobre mí.
Beber de esa sangre que cae desde la cicatriz de la bóveda.
Si yo sufro, que sufra el mundo.
Apuñalé el cielo hasta matarlo, y sumergí mi universo en la noche.
Ninguna otra luz. Ninguna otra esperanza.

¿Sabes cuál ha sido mi segunda decisión?
Contaminar los mares.
Pudrir los océanos, transformarlos en gasolina.
Extinguir el agua.
Si yo sufro, que sufra el mundo.
Drené los mares hasta que el mundo muriese de sed, e hice hervir los océanos.
Ninguna otra gota. Ninguna otra esperanza.

¿Y sabes cuál ha sido mi última decisión?
Pedirte ayuda.
Ayuda para reconstruir todo esto.
Devolver luz a mi interior.
Humedecer mis huesos.
Si el mundo sufre, yo sonrío.

Puede que siga notando como esas palabras se atrapan en mi interior y luchan por salir. Puede que odie la sensación que me provoca observar en tus ojos el color de los míos. Puede que no soporte volver al principio. Puede que no soporte tu universo, aplastando el mío.

Pero sigo observando, a través de la herida de mi cielo, una oportunidad para perder el miedo.
Y no sé si algún día lo conseguiré.

No me juzgues.

A lo mejor no soy quien quieres que sea. 
A lo mejor no soy quien debería ser. 
A lo mejor no soy nadie ni nada para ti.