viernes, 21 de enero de 2022

El niño y el perro

El niño y el perro
pasean por el viejo muelle

No saben nadar
pero les gusta acercarse al borde

Un paso tras otro
Una risa tras otra
Siempre juntos
Separados por una frágil correa
Siempre juntos
El niño
El perro

Corren juntos hacia la tormenta
Persiguiendo el resplandor azul
El estallido en el pecho
La caricia en la piel
El peso en los hombros
La magia del cielo roto
del que hablan las historias
con las que sueñan cada noche

Si la correa resbala
El niño tropieza
El perro se pierde
Los caminos se difuminan
en la noche y la tormenta
Pero el rayo nunca cesa

Pase lo que pase
El rayo nunca cesa

El niño tira del perro 
por miedo
El perro tira del niño 
por hambre
La tormenta ríe
Y el relato siempre es el mismo

Siempre el niño
Siempre el perro
La tormenta
Las historias
La urgencia del abismo
El amor al relámpago
El miedo al trueno

Y el rayo
Que nunca cesa.




miércoles, 19 de enero de 2022

Corre, chico, corre

Solo soy otro niño perdido
Sangre en las manos
Fuego en el pecho
Pena en los ojos
Miedo en la tripa
Prisa en los pies

Nací para correr
Ponerme las zapatillas 
bajo la lluvia
Pisar rápido
Salpicar con fuerza
Dejar atrás las miradas
y el frío
Huir de la carne 
y la victoria
Vivir con prisa
Abrazar la angustia
Escapar de la soledad
en la siguiente curva
pero nunca 
nunca en la anterior

Me dijeron que corriese
Y corrí
Para existir

Juguete roto
Sin saber cuándo parar
Se deslizan las horas entre sus dedos
Pasa la vida entre pastillas y cicatrices
Se caen los minutos
de sus bolsillos
Escapa de sí mismo
por los agujeros

Me dijeron que corriese
Y corrí
Para existir
Para dibujar 
un paisaje entre las llamas
Para dar un giro en el aire
Y estallar
con un suspiro

Solo soy otro crío perdido
Sangre en las manos
Fuego en el pecho
Pena en los ojos
Miedo en la tripa
Prisa en los pies

Nací para correr
Y corrí
Para cruzar la noche
Sin mirar atrás
Sin mirar al frente
Solo el suelo
Siempre el suelo
Con sus grietas y sus figuras
Siempre el suelo
pero
nunca el camino

Quemar el cielo
Llegar más lejos
Morir más cerca
Desaparecer
Fracasar
Querer
Fallar

Pero correr
siempre correr


siempre correr.

Dilema del Erizo

Yo no soy yo para ti

Tú no eres tú para mí

Yo no soy tú para tí

Tú no eres yo para mí

Yo no soy para ti

Tú no eres para mí



Yo no soy

Tú no eres


Pero yo soy

Pero tú eres




¿Yo soy yo?


¿Tú eres tú?

lunes, 17 de enero de 2022

Luna

Me llevo

los recuerdos

de este cráneo

y me deslizo 

hasta el fondo

de mi cueva



Cicatriz

no da de comer



Hay un hueco

entre la paz 

y el horror

entre el vacío 

y la pena

donde dormir

lejos del frío

y de la luz

de una luna

demasiado llena.

El barco

Es todo cuanto tiene.

Las gotas de sudor descienden por sus párpados, los granos de arena se pegan a la carne pálida y cicatrizada. Es el sol más triste de este invierno. Y el desierto no tiene emociones.

Los brazos se resienten con las olas de aire que lamen su cuerpo maltrecho en bocanadas, sobre la proa de un naufragio en ninguna parte. El aire lo rodea como los largos e invisibles dedos de la muerte. Y sus muñecas se aplastan, poco a poco, contra los mástiles que crujen, amenazantes, temblorosos, tan solo sujetos por sus manos ensangrentadas. Los trozos de madera se clavan en sus palmas, rasgan despacio el papel carnoso entre sus dedos, penetran entre las líneas de vida y la sangre se derrama a lo largo de sus blancos brazos. Es lo único que queda en pie del barco.

Ya solo se escucha el rumor de la arena, arañando el casco, reptando entre las astillas, recorriendo las cuerdas deshilachadas que ondean por encima de su cabeza.

Más allá de las dunas, donde el sol se derrite contra la arena, los últimos rayos de la tarde atraviesan el desierto por encima de las huellas desvahídas, hilos de oro que se desvanecen en el aire, como sueños al abrir los ojos.

Es todo cuanto tiene. Un imperio de sal y arena.

Cuando el sol desaparece, la escarcha cubre su piel en silencio. Le susurra con la noche, le arropa con un abrazo final. La piel sangra lentamente sobre el hielo, formando una fina armadura rosada que cristaliza las marcas de su cuerpo, cada historia, cada recuerdo. Los brazos no ceden. Los mástiles aguantan, resbaladizos, quejumbrosos, con las banderas extendidas en la oscuridad, rozándose con una leve caricia que se escucha sobre los crujidos de las astillas y el reptar de la arena sobre la madera.

Es todo cuanto tiene. Un barco en ningún lugar.