martes, 15 de junio de 2021

Tormenta

A veces, siento que me deslizo por una tubería húmeda,

sin nada a lo que agarrarme,

sin nadie a quien pedir ayuda.

Noto cómo mis manos se deshacen en sangre mientras bajo,

el aire se convierte en una mano que asfixia,

y la oscuridad me envuelve como el mar

durante una noche de verano:

negro, cálido, cruel.


A veces, siento que nada de lo que he hecho merece la pena.

Que cada paso ha sido en la dirección contraria,

que me quedé sin gasolina antes de empezar la carrera

y que ya no hay nadie más en la autopista.

Que quien está, está por tristeza,

por la dolorosa inercia de un mundo constante

y la terrorífica pregunta de todas sus variables.

Que ya no queda nada de mí,

debajo de todos los adornos,

debajo de todas las letras.


A veces, siento que no soy nadie.

Que ya no importa,

ni importo, ni han importado

todas esas cosas

que siguen doliendo

cuando se apaga la luz.



Y otras veces, hay tormenta;

y a pesar del miedo y la costumbre,

todo desaparece

entre la luz y el agua.


Hoy he comprendido

que no hay nada más bonito 

que un gato

mirando la lluvia,

a través de una ventana.

jueves, 20 de mayo de 2021

"Struggler"

 Tuve un sueño abrazado a una espada.

Olía a sangre y a infancias rotas,

a lodo y herrumbre,

a manos clavadas en las sábanas

de una tierra maldita

y a noches que nunca acaban.


Tuve un sueño en la oscuridad más profunda,

donde lobos se ocultaban entre las palabras

y respiraban en mi nuca,

donde los eclipses se alzaban

en un horizonte rojo

y negro,

como el yelmo,

como el huevo,

como la sombra que se cierne

sobre aquellos

que levantan la espada

contra el fuego.


Tuve un sueño

y lo he perdido.

Espero encontrarlo de nuevo.

domingo, 2 de mayo de 2021

La Hora de la Serpiente.

Dejé mis cosas en algún punto de la carretera,

más allá del Pálido.


Todas las tardes vuelvo a pasar por allí,

pisando sobre mis propias huellas

y girando las manecillas del reloj,

pintando el camino de vuelta 

con sangre

sobre el asfalto.

Y cuando cae la noche sobre el desierto,

me hago un ovillo bajo las estrellas

y espero a que llegue la Hora de la Serpiente.


Humeantes,

las siluetas de fósforo

emergen entre las rocas

como fantasmas de otro mundo,

susurrando historias en un idioma antiguo,

cubriendo la arena de una luz fría,

narrando extraños mitos

sobre alcohol 

y galaxias muertas

y meteoritos de anfetamina.


Y al despertar, bostezo

con la boca llena de polvo y traumas,

cansado de este cuerpo que ya no es mío,

y de esta mente quebradiza

en la que no me encuentro.

Emprendo el camino de vuelta

sobre la sangre que se ha borrado,

sobre las huellas que se han borrado,

sobre el pasado que he olvidado.


Dejé mis huesos en algún punto de la carretera

más allá del Pálido.



miércoles, 31 de marzo de 2021

Manos.

Ojalá deshacerme de estas manos de adicto,

rígidas, frías y temblorosas,

incapaces de soltar nada.

Manos que duelen de sujetar papeles entre los dedos,

esperando ser el protagonista de la obra al menos una vez,

que el piano suene cuando abandone el escenario,

y no cuando rompa el decorado.

lunes, 8 de febrero de 2021

Flores.

Cuento los minutos con los párpados
mientras me hago un hueco entre la basura.
La casa está cada vez más inclinada,
y mis dedos ya no tienen uñas con las que agarrarse.
Esta noche me deslizo
en silencio.

Los recuerdos pasan sin despedirse,
como las luces de la ciudad en los cristales del coche.
Pero nunca he tenido coche,
ni ciudad,
ni luces.
¿De quién son todos estos recuerdos?

Mi cuerpo es un vertedero de ideas inacabadas,
cicatrices sin sentido,
carne triste,
abandonada como un hotel viejo
en el que ya no duerme nadie,
en el que ya no existe nada
ni nadie,
solo el polvo
y la crueldad que queda
cuando ya no queda nada,
cuando ya no queda nadie.

A oscuras,
hago inventario de cosas rotas en mi mente.
He pasado toda una vida agarrado a un montón de chatarra
y lo he usado de armadura.
He pasado toda una vida con la cara envuelta en alambre
y he fingido tener coraje.
He pasado toda una vida con los bolsillos llenos de ideas tontas
y ahora no sé qué hacer con ellas.
He pasado toda una vida rechazando mi vida.
Ahora me toca pagar el precio,
pero nunca he tenido un puto duro.

Los ruidos de la carretera ya están demasiado lejos
y no quedan semáforos para mí.
Y nadie me enseñó a cruzar.
Porque nadie quería a cruzar.

Noto el olor de las flores podridas en el fondo de mi mente
y me pregunto desde cuando están ahí.