Cuentan los hombres que en algún lugar murió el sentimiento,
en algún rincón del bosque más oscuro
se perdió la confianza en el mañana y se empezó a temer el nunca.
Ríe el monstruoso dios que creó la fortuna,
inunda con sus carcajadas el espacio
y tose a causa de la risa.
Cada vez que alguien se salva de la muerte,
resuella con fuerza, frunce el ceño y vuelve a apretar la pluma en su mano,
escribiendo el más triste hado para un alma
que tuvo la mala suerte de tenerla buena.
El perro guardián del infierno jadea,
babea,
gruñe y aguarda impaciente,
buscando el cuello de la vida,
buscando la manera de terminar la historia del mundo.
Espera con calma en el pozo más profundo,
bajo los pies de todos,
bajo la tierra sobre la que descansa el mundo.
Espera para acabar con el dolor.
Y duele pensar que algún día fueron hombres.
martes, 22 de octubre de 2013
lunes, 21 de octubre de 2013
Dime.
Yo ya no tengo tripas.
Yo ya grité "libertad", y me cortaron la cabeza.
Yo apenas me mantengo en pie a causa de las heridas.
Yo apenas tengo sangre en mis venas,
apenas tengo luz en la mirada,
ya no puedo vislumbrar una salida.
Yo no siento mis extremidades en el frío,
en el doloroso frío,
en el vacío.
Yo no siento mi interior por el fuego,
el ardiente fuego que consume mi vida,
mi memoria,
mi conciencia,
mi asquerosa y triste historia.
Yo apenas soy un hombre,
sino una ruina.
Pero yo respiro y no estoy solo.
Yo sonrío.
Ahora dime lo que merezco.
Y después dime lo que mereces tú.
Yo ya grité "libertad", y me cortaron la cabeza.
Yo apenas me mantengo en pie a causa de las heridas.
Yo apenas tengo sangre en mis venas,
apenas tengo luz en la mirada,
ya no puedo vislumbrar una salida.
Yo no siento mis extremidades en el frío,
en el doloroso frío,
en el vacío.
Yo no siento mi interior por el fuego,
el ardiente fuego que consume mi vida,
mi memoria,
mi conciencia,
mi asquerosa y triste historia.
Yo apenas soy un hombre,
sino una ruina.
Pero yo respiro y no estoy solo.
Yo sonrío.
Ahora dime lo que merezco.
Y después dime lo que mereces tú.
martes, 15 de octubre de 2013
"Hasta mañana".
Canta el borracho tristemente,
de batallas pasadas se alimenta.
Se limpia las babas con la manga,
porque enfadada, de su lado, se fue la sirvienta.
Cuánta nostalgia de celos, mentiras y propaganda.
Cuánta nostalgia de cadenas, correas y bozales.
Cuánta prisa por defenderte, cuánta demanda.
Espejos deformes, rotos y grotescos,
que muestran lo bizarro que es el ser humano,
cuando tiene el poder en su mano,
de hacer daño a quien más quiere
porque ya tiene el corazón muerto.
Espejos sucios, rayados y feos,
que muestran lo patético que es el ser humano,
cuando tiene ansias de poseer y ser adorado,
por aquellos que no saben quererse a si mismos,
porque ya no sienten calor en sus cuerpos.
Pero esto no es un ataque, diminuta lombriz de agujeros pasados,
sino una advertencia, de las que sueltan los seres civilizados, con clase y educados.
Quizá algún día dejes de mirarte en tus espejos,
y comiences a mirarte en los míos,
para comprobar que no hay ápice de pena en ellos,
sino risa, odio y hastío.
Porque ni siquiera sé con quién hablo,
ni conozco a mi enemigo.
Porque mientras sigas alimentándote de mierda,
para no enfrentarte a la luz de las ventanas,
seguirá tu cerebro envuelto en hilos.
No hilos de seda, querida.
Hilos de araña.
Recuerda que soy carta y revólver.
Recuerda lo que vale un as de espadas.
Como dice el refrán:
"a las buenas muy buenas...
...a las malas, muy malas".
Porque recuerda una cosa,
Caperucita Sucia,
mi pequeña niña malcriada:
el leñador se convirtió en lobo.
Un beso,
buenas noches,
y hasta mañana.
de batallas pasadas se alimenta.
Se limpia las babas con la manga,
porque enfadada, de su lado, se fue la sirvienta.
Cuánta nostalgia de celos, mentiras y propaganda.
Cuánta nostalgia de cadenas, correas y bozales.
Cuánta prisa por defenderte, cuánta demanda.
Espejos deformes, rotos y grotescos,
que muestran lo bizarro que es el ser humano,
cuando tiene el poder en su mano,
de hacer daño a quien más quiere
porque ya tiene el corazón muerto.
Espejos sucios, rayados y feos,
que muestran lo patético que es el ser humano,
cuando tiene ansias de poseer y ser adorado,
por aquellos que no saben quererse a si mismos,
porque ya no sienten calor en sus cuerpos.
Pero esto no es un ataque, diminuta lombriz de agujeros pasados,
sino una advertencia, de las que sueltan los seres civilizados, con clase y educados.
Quizá algún día dejes de mirarte en tus espejos,
y comiences a mirarte en los míos,
para comprobar que no hay ápice de pena en ellos,
sino risa, odio y hastío.
Porque ni siquiera sé con quién hablo,
ni conozco a mi enemigo.
Porque mientras sigas alimentándote de mierda,
para no enfrentarte a la luz de las ventanas,
seguirá tu cerebro envuelto en hilos.
No hilos de seda, querida.
Hilos de araña.
Recuerda que soy carta y revólver.
Recuerda lo que vale un as de espadas.
Como dice el refrán:
"a las buenas muy buenas...
...a las malas, muy malas".
Porque recuerda una cosa,
Caperucita Sucia,
mi pequeña niña malcriada:
el leñador se convirtió en lobo.
Un beso,
buenas noches,
y hasta mañana.
Doña Münchhausen.
Triste la dama llorona,
que camina por los pasillos de su subconsciente
como si pudiese perdonarle la vida al mundo.
Triste,
triste infamia humana,
que miente, finge, actúa y pretende
que el universo la arrope,
la adule,
la quiera
y la necesite.
Tú,
hija de Münchhausen,
dictadora de sentimientos y acaparadora de galaxias,
devoradora de vidas,
te crees con poder para dominar sobre las vidas de los que te observan con tristeza.
Tú,
parodia de Minerva,
no cazas animales sino verdades,
las torturas en las profundidades.
Deformas, retuerces y manipulas
todo lo que tocas,
para olvidar la melancolía que rellena tu cuerpo.
Porque no eres capaz de saborear tu vida,
masticas la muerte de otros.
Acabaste con ella,
reptil asesino.
Acabaste con ella.
Acabaste con su color blanco y sus ilusiones huérfanas,
y ya no distingo el odio de la pena.
No soñabas acabar con mis enemigos,
no querías exterminar mis peligros.
Anhelabas morir a tus rivales para ocupar un trono junto a mi mente encadenada.
Porque ya no sabes lo que eres.
Porque la locura mudó tu piel, serpiente.
Porque el odio que le tienes a la nada ha acabado con tu vida.
Porque la mentira nunca fue una buena guía.
Porque tu luz negra se ha comido tu sonrisa.
Porque yo estoy cubierto de flechas, sangres y fuego,
pero tú estás cubierta de fango, de burlas y muertos.
Y los pactos de tinta que yacen en mi cuerpo,
me recuerdan que sigo vivo.
Porque yo estoy solo,
no soy más que un chucho perdido en la montaña con las patas rotas
y la mirada cansada.
Pero tú estás contigo misma,
y te convertirás en tu nueva carnada.
Sigue reptando por los suelos.
Sigue huyendo del mañana.
jueves, 10 de octubre de 2013
Sangra Octubre.
Sangra Octubre,
como todos los años de esta muerte tan larga.
Se abre en canal,
derrama sobre mis heridas recuerdos de vinagre y culpa.
Y la tormenta se desata en mi estómago a cada paso,
a cada memoria envenenada de un infierno de hierba, roca y agua.
El sol no calienta,
la luna no ilumina,
la lluvia no empapa
y la hierba no crece.
Solo puedo escuchar el dolor rodando colina abajo,
estrellándose contra los muros de mi mente,
haciendo temblar los cimientos.
El viento invita a bailar a las hojas.
Giran,
giran y bailan,
dan vueltas en remolinos de patrones extraños,
sin rumbo,
estrellándose contra las paredes y chocando torpemente con todo lo que se encuentra a su paso,
como insectos idiotas que no saben hacia dónde van.
No puedo hacer más que observarlas,
ver su sin rumbo,
sentir como el viento silba a mi alrededor y levanta mi abrigo en vano.
Quien fuera hoja,
quien fuera bolsa de plástico,
y dejarse llevar.
Dejarse llevar hasta el fin.
Cierro los ojos.
Intento no ver el mundo,transformarlo todo en una cortina translúcida.
Pero los rostros emergen de las profundidades,
dibujan la oscuridad con sus siluetas.
Los dedos afilados señalan desde las esquinas,
las miradas abrasan mi nuca,
los reproches taladran mi pecho.
Ya no están ahí,
pero los siento.
Y sigo buceando en el fondo de los vasos,
buscando una fuga, un desagüe por el que abandonar mi vida.
No puedo apartar los ojos de la calavera de mi piel,
no puedo dejar de leer su mirada: "Ocurrirá".
Tumbarme en colchones de humo,
sentarme de espaldas al tiempo,
ahorcarme en mi suerte,
vivir de mi muerte,
sentir que no quedan momentos,
recuerdos, verdades,
instantes que aviven mi mente.
Apenas puedo
dar dos pasos
sin sentir cómo se clavan las imágenes en mi cerebro.
Apenas puedo
tomar aliento
sin sentir cómo el veneno se come mi interior.
Pero no.
No dejaré que el Anciano me mastique.
No dejaré que el monstruo acabe conmigo.
No seré infiel a la promesa de mi pecho.
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