sábado, 25 de diciembre de 2021

Rituales de medianoche

Esa sensación


que se esconde 


entre el horror


y la paz.

viernes, 24 de diciembre de 2021

Supernova Blues

 Y despierta en el asiento de atrás,

sin más ropa sobre la piel que el sudor frío

y el rocío del vodka.

Las gotas laten sobre su pecho,

despacio,

como rostros difuminados,

vibrando con el eco metálico al fondo del 

radiocasette,

el beat, beat, beat,

el back, back, back,

las olas y los surcos de un vinilo rayado,

el fin de una era,

infinitos giros de guión rasgando cuerdas,

las miradas a través del museo,

el Sí, el La, el Sol, el Mi,

la cera derretida, el fuego

que se apaga,

el himno de una muerte 

que retumba

en una tumba 

abierta

que cree 

ser una cama,

el trueno de ondas distorsionadas

que destrozan una cabeza 

que ya no piensa,

que solo sueña,

que sueña triste

que sueña en calma.


El cigarro se consume entre los dedos

que ya no son suyos,

que ya solo hablan una lengua antigua, 

formada por caricias,

lejana y extinta.

Entre los labios forzados a componer el 

himno

a la noche infinita;

entre las manos obligadas a recordar cómo

levantar paredes,

tallar efigies,

grabar recuerdos,

para no olvidar quién es,

qué es,

quién fue,

cómo ser, 

quién soy.


¿Dónde estoy?,

pregunta,

y el silencio responde.


Los recuerdos caen

como pétalos de rosa frío,

el dolor fantasma trepa

como raíces de color de plata.


Una radio se apaga.

Un motor se ahoga.

Unas ruedas se callan.

Y entre el humo y la duda,

comienza.


A través de las ventanillas,

el mundo se consume en un estallido

de estrellas.

La caótica sinfonía de la nulidad existencial,

los colores de la soledad forzada,

la llegada del Pálido,

del Cráneo Verde,

y lo que mora mas allá,

el viento cósmico que cruza este yermo,

el lamento de la hija del flautista,

el recuerdo del niño perdido,

la Supernova,

el origen del fin

y el fin

de todos 

los orígenes.


Se reclina sobre el asiento y exhala 

un último suspiro,

contemplando dunas de amor y odio,

riberas de calcio negro,

el bezoar de dudas que se aloja

en sus maltrechas tripas.

Contempla la nebulosa de pensamientos

que se extiende más allá de la música,

que ya solo puede mirar en la oscuridad

mientras su piel se desvanece

en las fotografías que nunca tomó.


Y mientras el polvo cubre sus ojos,

la lluvia inunda el valle

Y el frío abraza sus pulmones,

entona una canción.


Si pudiese 

acariciar tus olas una vez más,

respirar a través de tus sueños una vez más,

yacer bocarriba en tu ribera,

mientras la sangre se diluye en el agua,

una vez más.


Si pudiese ser lo que quieres.

Si pudiese,

si pudiese,

volvería a empezar de nuevo.

Lejos de este coche,

de este desierto lunar,

de las notas infernales,

del dolor,

del laberinto de soles muertos.


Déjame volver a buscarte en mis sueños.

Déjame matar la sombra.

Déjate volver a la luz.

Déjame.

Déjame.




No me olvides.



miércoles, 22 de diciembre de 2021

Saint-Säens

Sigo sentado al fondo,
en la iglesia más pequeña de la colina,
donde los sueños se escarchan
y los cuerpos se desvanecen
como en una vieja fotografía.

Afuera, en un cielo nocturno
que nunca acaba,
llueven estrellas blancas
y pedazos de mundos olvidados,
más allá del parpadeo de un dios ciego
que olvida mi nombre
cuando más lo necesito.

El martillo de Mahler
se prepara para el estallido,
para atravesar esta sinfonía sin principio
ni fin,
sin más oportunidad que la de esperar su turno.

Morirme sin matarme
sería el punto final de la obra;
convertirse en un suspiro
y no un lamento,
en un recuerdo
y no un tormento.
Convertirse en viento
y volar por encima de puertas selladas
y ventanas maltrechas,
convertirse en la luz fría del sol de la mañana,
y no en un fluorescente barato
que tartamudea,
sin boca para saber qué decir,
sin manos para pulsar el interruptor,
sin saber cómo apagarse
por fin.

Sigo sentado al fondo,
en la iglesia más pequeña de la colina,
sumergido en un sueño de piezas que no encajan,
en un coche sin destino ni brújula,
sin gasolina,
sin un adiós en los labios
ni una caricia en la mañana.

Una bola de espejos gira
en la oscuridad de un salón vacío
y las luces,
que ya no son luces,
recorren unas paredes,
que ya no son paredes,
conteniendo un cuerpo,
que ya no es un cuerpo.

Sigo sentado al fondo,
en la iglesia más pequeña de la colina,
donde los sueños se escarchan
y los cuerpos se desvanecen
como en una vieja fotografía.

martes, 21 de diciembre de 2021

Peldaños

 Es la historia de una vida que es,

ha sido

y será.


Suenan los tambores,

los peldaños crecen.

El cristal brilla cada vez más,

el sol de una mañana muerta

se filtra a través del polvo,

nace,

respira

y descansa.


Los pétalos descienden sobre un abismo

que ha olvidado su propio fondo,

cayendo a un vacío que quizá nunca existió.


Dejan de sonar los tambores.

El dios despierta.

La música se apaga al otro lado del mundo,

bajo las luces y el etanol,

bajo la esperanza de que todo aquello que duele

desaparecerá mirando hacia otro lado.


Los peldaños se desvanecen durante la subida,

sin oportunidad de vislumbrar la cima.

El mundo de Mana se desvanece con un susurro.


Los tambores se apagan,

los maullidos anuncian el alba.


Pudo ser,

supongo.

miércoles, 16 de junio de 2021

404

Trazo la línea de salida en la ventana

porque no encuentro la puerta

de este infierno

en el que no recuerdo haber entrado


No sabía que el verano

pudiese ser tan frío


y en este pecho

ya no late una canción.


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