martes, 28 de diciembre de 2021

Godot

Déjame abrir la puerta,


para que dejar que entre

la luz gris de esta mañana

en tu vieja catedral,

estos cien hilos de plata

atravesando las galerías.


Déjame abrir la puerta,

acariciar las veintinueve vidrieras

que colorean los suelos de los muertos.

Deja pasar las hiedras,

y las flores,

las tormentas

y los truenos,

deja que venga el diluvio.



Va a subir la marea

y se lo va a llevar todo.



Abrázame fuerte

para encontrarnos en la orilla.



Addictus

Pasan las horas

en esta prisión:

la de dentro

y la de fuera.



Hay una morgue

en mi costillar,

cuyos suelos brillan

con el rocío del benceno

y los recuerdos rotos.

Cuando tengo frío,

bajo allí

y me abrazo a los muertos,

porque ellos tampoco tienen

nada que decir.

Tan solo existen,

entre un sitio y el otro,

con las venas anegadas de químicos

y el cerebro apagado.

Los corazones que no laten

duelen menos.


En el espejo,

unos ojos pintados en sangre

se ríen de mí.

Alguien grita 

que desde que tú no estás 

en este rincón,

ya no se atreve a pasar 

la luz del sol.

El polvo se acumula en las almohadas.

El frío se introduce en los agujeros.

La sangre se seca para siempre.

Nada entra y nada sale.

Esta habitación

es una extensión de mi cuerpo.



En la noche más oscura,

me duermo mirando al este,

esperando un alba que no llega.

He bajado a tu pesadilla

para encontrarte otra vez;

he sentido el hambre en los huesos,

y lo he saciado con veneno.

He bajado a mi pesadilla,

para encontrarme otra vez;

he sentido el odio en los huesos,

y lo he saciado con recuerdos.




Si me quedo en silencio,

cuando amaina el viento,

a lo lejos,

creo escuchar nuestra canción.

lunes, 27 de diciembre de 2021

Slide

Creo

encontrar

mi forma de nuevo

entre pastillas de jabón

y bolsas de grasa,

y entre dos notas distorsionadas

mi mente cuelga de una duda.




Sueño

con lirios

que florecen

en cada herida

en la que metió los dedos

para encontrar respuesta a su pregunta.





...


me pregunto cuánto tiempo

he dormido.

domingo, 26 de diciembre de 2021

Saudades

Ya no hay lobos 

bajo la ventana.

Oigo su aullido

más allá de este cielo

sintonizado en un canal muerto.

Sus voces se diluyen en el tiempo

al otro lado de la bóveda verde

 que corona esta sepultura blanca,

donde arriba es abajo,

y ayer será mañana,

donde el aire frío 

se cuela 

por los huecos

que dejaron tus dedos 

al alba.



¿Por qué lloran?

¿No saben que Dios se ha marchado

con sus juguetes de plástico,

a buscar piezas viejas

que encajen con estas entrañas?


Me dejó solo

un corazón de benzopireno

y unas manos de plata:

cada latido es un cáncer

que se extiende y me abraza,

cada caricia

te entierra más y más

bajo esta capa de escarcha.



Tropiezo 

con las copas

y sus terrazas,

y sus bares,

y sus nombres 

me hablan,

y en el fondo del vaso,

el reflejo de un yo inerte:

ojos vacíos

que olvidaron su verde,

piel pálida

que se estremece sobre la cama,

labios fríos,

tras un viejo pañuelo de lana.


Ya no hay lobos bajo la ventana.

Se marcharon 

al otro lado del mundo,

y su canción ya no late

entre estos huesos.

Quizá

nunca existieron

y todavía queda esperanza

de que yo no haya muerto

esta mañana

 y solo sueñe despierto

que encuentro 

tu mirada 

en mi cama.


Ya no hay lobos bajo la ventana,

ni tórtolas

que me despierten al alba.


Cierro los ojos

y mi cadáver se duerme,

buscando un calor

que se apaga.

sábado, 25 de diciembre de 2021

Rituales de medianoche

Esa sensación


que se esconde 


entre el horror


y la paz.