jueves, 30 de diciembre de 2021

Both

Que yo no soy yo,

si tú no eres tú.


No encuentro tu silueta en las sábanas,

no encuentro tu sombra en mis pasillos,

no encuentro tu voz en mis ecos,

no encuentro tu vapor en mis espejos.


Ya no encuentro las costuras de este pecho,

ni los agujeros de los clavos,

ni los pliegues por dónde solía cerrar.

Ni las cadenas,

ni las sogas,

ni las losas.

No me encuentro.


Que yo no soy yo 

si tú no eres tú.


Paso las horas recordando tu sonrisa

porque la mía se borra si no piensas en ella.

Paso las horas recordando tu tacto

porque mi piel se escarcha con cada hora de este invierno.


Que yo no soy yo

si tú no eres tú,

y tú quieres ser más que nunca,

y yo quiero ser más de lo que nunca he sido.


Dame la mano

y seamos juntos,

de mil maneras,

pero juntos,

para ser más que nunca,

para ser más de lo que nunca hemos sido.


Porque si tú no eres tú,

yo no quiero ser yo,

y todo deja de tener sentido.

miércoles, 29 de diciembre de 2021

Legado

 Debería haber venido más veces


solo para ver en primera persona


aquellas cosas que tengo pegadas a la piel


y que cuanto más intento arrancarme


más extiendo a mi alrededor.



Ciclo circadiano

Existe un pequeño espacio, entre el sueño y el despertar, en el que puedes contemplar el escenario del mundo tal y como es.

Al llegar la mañana, la luz comienza a cubrir tus párpados como la marea que sube despacio tras una noche de tormenta. Las retinas se contraen bajo la piel, retroceden a su caparazón, y los impulsos eléctricos viajan frenéticamente a través de la vieja mina, levantando polvo y telarañas a su paso en un silencioso silbido, deslizándose por cientos de vías distintas hacia el corazón de la montaña.

En esa bóveda de hueso y arterias, oscura como una iglesia perdida en las entrañas de la selva, duerme el monstruo. El cerebro aguarda paciente las diminutas chispas que comienzan a rodearlo, los susurros que se cuelan entre sus pliegues, las promesas de un nuevo día que inconscientemente se derraman a través de cada una de las heridas. Y la sinfonía comienza.

Al abrir los ojos, tu mente aún no encuentra conexión entre lo que ve, lo que siente, lo que piensa. El universo son pedazos de una realidad diseccionada, completamente separada e inconexa, como las piezas de un mosaico incompleto. El mundo se revela tal y como es. Sin colores. Sin olores. Sin dolor. Todo es tal y como debería ser la primera vez.

Y durante esos segundos de irrealidad, los sentidos se difuminan y se confunden. Viajan a través del espacio y el tiempo en lo que dura un microsegundo, te llevan de la mano a cruzar océanos de sueños y de palabras sin darte cuenta. Cada centímetro de tu piel existe en mil mundos distintos y cada gota de sangre de tu cuerpo se aloja en otro cuerpo y cada sueño en otro sueño.

Es ese espacio, entre el sueño y el despertar, en el que la lluvia todavía no ha empezado a caer, en el que los recuerdos no existen, en el que el dolor no existe, en el que tú no existes.

Y en ese espacio, todas las mañanas, durante lo que dura el viaje de un impulso eléctrico de mis retinas a mi cerebro, yo soy tú, y mis manos son tus manos, y mi cuerpo es tu cuerpo, y puedo sentir el latido de las sábanas calientes como pan recién hecho. Y en ese impulso veo tu ventana, y no mi ventana, y siento tu respiración y no mi respiración, y saboreo tus labios y no mis labios.

En ese espacio, que solo dura lo que dura una chispa en la inmensidad del universo, veo el escenario del mundo. Y mi escenario eres tú.

martes, 28 de diciembre de 2021

Godot

Déjame abrir la puerta,


para que dejar que entre

la luz gris de esta mañana

en tu vieja catedral,

estos cien hilos de plata

atravesando las galerías.


Déjame abrir la puerta,

acariciar las veintinueve vidrieras

que colorean los suelos de los muertos.

Deja pasar las hiedras,

y las flores,

las tormentas

y los truenos,

deja que venga el diluvio.



Va a subir la marea

y se lo va a llevar todo.



Abrázame fuerte

para encontrarnos en la orilla.



Addictus

Pasan las horas

en esta prisión:

la de dentro

y la de fuera.



Hay una morgue

en mi costillar,

cuyos suelos brillan

con el rocío del benceno

y los recuerdos rotos.

Cuando tengo frío,

bajo allí

y me abrazo a los muertos,

porque ellos tampoco tienen

nada que decir.

Tan solo existen,

entre un sitio y el otro,

con las venas anegadas de químicos

y el cerebro apagado.

Los corazones que no laten

duelen menos.


En el espejo,

unos ojos pintados en sangre

se ríen de mí.

Alguien grita 

que desde que tú no estás 

en este rincón,

ya no se atreve a pasar 

la luz del sol.

El polvo se acumula en las almohadas.

El frío se introduce en los agujeros.

La sangre se seca para siempre.

Nada entra y nada sale.

Esta habitación

es una extensión de mi cuerpo.



En la noche más oscura,

me duermo mirando al este,

esperando un alba que no llega.

He bajado a tu pesadilla

para encontrarte otra vez;

he sentido el hambre en los huesos,

y lo he saciado con veneno.

He bajado a mi pesadilla,

para encontrarme otra vez;

he sentido el odio en los huesos,

y lo he saciado con recuerdos.




Si me quedo en silencio,

cuando amaina el viento,

a lo lejos,

creo escuchar nuestra canción.